Humo
El humo del tabaco, chimeneas o barbacoas irrita las vías respiratorias. Evitar la exposición es la medida más eficaz.
El asma no tiene por qué limitar el ejercicio. Con una buena preparación y un control adecuado, la mayoría de los niños y niñas pueden practicar deporte con normalidad y disfrutar de sus actividades favoritas.
La actividad física regular aporta beneficios para la salud respiratoria, emocional y social. En el asma, mantenerse activo ayuda a mejorar la capacidad pulmonar y la confianza.
La mayoría de los niños y niñas pueden hacer deporte sin problemas. Aun así, es útil reconocer cuándo el cuerpo está avisando de que necesita una pausa o medicación de rescate.
Si aparecen estas señales, se debe seguir el plan de acción y valorar si es necesario usar el inhalador de rescate.
Un buen calentamiento reduce el riesgo de síntomas y ayuda a que el cuerpo se adapte al esfuerzo.
El deporte puede ser un buen indicador del estado del asma. Si aparecen síntomas con frecuencia, puede ser momento de revisar el tratamiento o el plan de acción.
En estos casos, es recomendable consultar con su profesional sanitario para ajustar el control del asma.
El deporte es una parte fundamental de la infancia. Con un plan claro, una buena comunicación y un control adecuado del asma, los niños y niñas pueden disfrutar del ejercicio con seguridad y sin renunciar a lo que les hace felices.
Viajar con un niño o niña con asma es totalmente posible. Con una buena preparación y el tratamiento accesible, los desplazamientos —cortos o largos— pueden hacerse con seguridad y sin estrés.
Una pequeña planificación previa ayuda a evitar imprevistos y a viajar con más tranquilidad.
El material debe estar accesible en todo momento, especialmente durante desplazamientos largos.
Mantener un ambiente cómodo y anticiparse a posibles desencadenantes ayuda a que el viaje sea tranquilo.
Durante los viajes, es útil estar atento a síntomas que indiquen que el asma necesita atención.
Si los viajes suelen desencadenar síntomas, puede ser una señal de que el asma necesita una revisión.
En estos casos, es recomendable consultar con su profesional sanitario para ajustar el control del asma.
Viajar es una parte importante de la vida familiar. Con una buena preparación y el tratamiento accesible, los niños y niñas con asma pueden disfrutar de los desplazamientos con seguridad y sin renunciar a nuevas experiencias.
Los catarros y las infecciones respiratorias son muy frecuentes en la infancia. En los niños y niñas con asma, estos episodios pueden desencadenar síntomas, pero con un plan claro y una buena observación suelen manejarse sin problemas.
Durante un catarro, es normal que aparezcan síntomas que pueden confundirse con un empeoramiento del asma. La clave está en reconocer qué forma parte del proceso habitual y qué indica que el asma necesita atención.
Estos síntomas suelen mejorar de forma progresiva en pocos días.
Algunos signos indican que el catarro está afectando al asma y que el riesgo de crisis es mayor. Reconocerlos a tiempo permite actuar antes de que la situación empeore.
Si aparecen estos signos, conviene seguir el plan de acción y observar la evolución.
La mayoría de los catarros se resuelven solos, pero hay situaciones en las que es recomendable contactar con un profesional sanitario para valorar el estado del asma.
Consultar a tiempo ayuda a ajustar el tratamiento y evitar complicaciones.
Los catarros forman parte del crecimiento. Aunque pueden desencadenar síntomas de asma, la mayoría de los episodios se manejan bien con observación, el plan de acción y una comunicación fluida con los profesionales sanitarios. Con apoyo y claridad, estos momentos se vuelven más llevaderos para toda la familia.
El asma puede empeorar con ciertos factores como el humo, el frío, los pólenes, el ejercicio o el contacto con animales. Identificarlos ayuda a prevenir síntomas, pero sin necesidad de vivir en alerta constante.
Los desencadenantes son factores que pueden irritar las vías respiratorias y provocar tos, pitos o dificultad para respirar. No todos afectan por igual a cada niño o niña, y algunos solo lo hacen en determinadas épocas o situaciones.
Conocerlos permite anticiparse, pero siempre desde la calma y sin evitar actividades importantes para su bienestar.
El humo del tabaco, chimeneas o barbacoas irrita las vías respiratorias. Evitar la exposición es la medida más eficaz.
El aire frío y seco puede desencadenar tos o “pecho cerrado”. Protegerse con bufanda o mascarilla ayuda a templar el aire.
En primavera o en días de viento, los pólenes pueden aumentar los síntomas. Mantener ventanas cerradas en horas de máxima concentración puede ser útil.
El ejercicio es saludable. A veces puede provocar tos o pitos, especialmente si el asma no está bien controlada o hace frío. Un buen calentamiento suele ayudar.
Algunos niños reaccionan al pelo o caspa de animales. No siempre es necesario evitar el contacto: observar la respuesta y ventilar suele ser suficiente.
El objetivo no es evitar todo, sino reconocer patrones de forma tranquila y práctica.
No se trata de evitar la vida diaria, sino de tener recursos para actuar cuando sea necesario.
Los desencadenantes existen, pero no deben marcar el día a día. Con observación tranquila, un plan claro y una comunicación fluida con los profesionales sanitarios, es posible identificarlos. Lo importante es vivir sin estar en “modo alarma”. El objetivo es que el niño o niña disfrute de su vida con seguridad y libertad.
El sueño es un momento sensible para muchos niños y niñas con asma. Despertarse con tos, pitos o sensación de “pecho cerrado” puede ser inquietante, pero entender por qué ocurre y cómo actuar ayuda a recuperar la calma y mejorar el control del asma.
Durante la noche, las vías respiratorias pueden volverse más sensibles. Esto hace que algunos niños y niñas tengan más tos o dificultad para respirar mientras duermen.
No siempre significa un problema grave, pero sí es una señal útil para valorar el control del asma.
Los despertares nocturnos pueden indicar que las vías respiratorias están más irritadas de lo habitual. La clave está en observar la frecuencia y la intensidad.
El sueño es un buen indicador del estado del asma. Si los síntomas nocturnos son frecuentes, puede ser momento de revisar el tratamiento o el plan de acción.
En estas situaciones, es recomendable consultar con su profesional sanitario lo antes posible.
Tener un plan claro ayuda a manejar los síntomas nocturnos con calma y seguridad.
Los síntomas nocturnos pueden preocupar, pero también ofrecen información valiosa sobre el estado del asma. Con un plan claro, observación tranquila y apoyo profesional, la mayoría de los niños y niñas recuperan noches de descanso sin dificultad. El objetivo es que duerman seguros y la familia también.
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