La anafilaxia es una urgencia médica que puede afectar a pacientes de cualquier edad, por lo que todos los profesionales sanitarios deberían estar familiarizados con su manejo. Consiste en una reacción sistémica de aparición brusca, resultado de la activación de varios mecanismos en los que se liberan mediadores inflamatorios de mastocitos y basófilos, que se caracteriza por la asociación de síntomas que afectan simultáneamente a varios órganos, que se inician de manera brusca y ponen en peligro la vida del paciente.
No existe una definición de anafilaxia universalmente admitida, por lo que es difícilmente reconocible y por ello podemos decir que es una enfermedad infradiagnosticada e infratratada, en tiempo y forma.
En la práctica se opta por una definición amplia y breve: “la anafilaxia es una reacción alérgica grave de instauración rápida y potencialmente mortal”1. Con el fin de conseguir una definición clínicamente útil, en 2005 Sampson y colaboradores consensuaron un conjunto de criterios que facilitan el diagnóstico de la anafilaxia (Tabla 1) y su manejo2,3. Con estos criterios se consigue englobar a más del 95% de los casos de anafilaxia.

Disponemos de pocos datos sobre la verdadera incidencia de la anafilaxia en niños y adultos.
La dificultad para conocer la incidencia y prevalencia de la anafilaxia es debida a diversos factores:
Todas ello hace que sea una enfermedad infradiagnosticada y que los estudios epidemiológicos subestimen la carga real de la enfermedad.
Los últimos estudios realizados estiman una prevalencia (en población general, niños y adultos) entre el 0,3% y el 5,1%, que parece estar incrementándose en los últimos diez años. Están aumentando los ingresos hospitalarios por anafilaxia, sobre todo en niños menores de 3-4 años, adolescentes y adultos jóvenes. La mortalidad por anafilaxia es poco frecuente, aunque dadas las dificultades en su reconocimiento es posible que no esté correctamente evaluada. El mayor número de muertes por anafilaxia se ha descrito en adolescentes y jóvenes adultos, sobre todo cuando la causa es alimentaria.
Respecto al lugar de aparición de la anafilaxia, sabemos según un estudio que el 57% de los episodios ocurren en el hogar, el 21% al aire libre, el 5% en restaurantes, el 3% en el consultorio médico, el 4% en hospitales y el 1% en la escuela4.
Respecto al shock anafiláctico la incidencia varía entre 3,2 y 10 por 100.000 personas/año, con una mortalidad de hasta el 6,5 %.
Causas más frecuentes de anafilaxia en los niños: (Tabla 2)5.

Los alimentos más comúnmente implicados:
La reacción puede ocurrir por la ingesta, contacto e incluso por la inhalación de vapores originados durante la preparación del alimento.
Cofactores son circunstancias agravantes de la reacción alérgica, que cuando coexisten con la exposición al alergeno dan lugar a manifestaciones clínicas de anafilaxia. El más importante es el ejercicio físico, siendo menos frecuentes los medicamentos.
Las manifestaciones clínicas de la anafilaxia dependen de los órganos o sistemas afectados (Tabla 3), siendo tan amplias que pueden dificultar su diagnóstico.
Aparecen en las 2 primeras horas de la exposición al alérgeno, generalmente en los primeros 30 minutos en caso de alergia alimentaria y más precozmente en caso de medicamentos intravenosos o picaduras de himenópteros. Pueden ocurrir en cualquier orden:
En el caso de verse afectado el sistema cardiocirculatorio se trataría de la reacción alérgica más grave que puede ocurrir y si presenta hipotensión es entonces cuando se denomina shock anafiláctico.

En función de la edad:
La recurrencia de los síntomas, tras haberse resuelto el episodio inicial anafiláctico, sin exposición adicional al agente causal, es denominada anafilaxia bifásica y puede ocurrir hasta en un 5% de los casos1. Habitualmente se produce entre 4-12 horas del inicio de los síntomas y pueden ser incluso más graves, afectando generalmente a los mismos órganos que la reacción inicial. Aunque no existen datos que nos orienten a su aparición, un retraso en la administración de adrenalina o una administración insuficiente pueden incrementar el riesgo de reacciones bifásicas.
El diagnóstico de anafilaxia es fundamentalmente clínico y debe realizarse de manera precoz. El principal problema es el desconocimiento de la enfermedad.
Puntos importantes para tener en cuenta:
Dado que la causa más frecuente en pediatría son los alimentos, en el caso de lactantes o niños pequeños un primer episodio de anafilaxia puede manifestarse con síntomas digestivos inespecíficos, haciendo el diagnóstico más complicado y retrasando el inicio del tratamiento.
Cofactores: su presencia aumenta la probabilidad de que se produzca la reacción alérgica.
Los cofactores han de considerarse en:
Aunque la anafilaxia en sí es un cuadro siempre grave y que requiere una actuación urgente.
Las mediciones de los marcadores biológicos tardan unas horas y los resultados no están disponibles para valorar la urgencia, por ello, no son útiles para el diagnóstico.
a.- Marcadores en suero: triptasa e histamina.
La triptasa sérica es una prueba muy útil que ayuda a confirmar el diagnóstico y puede solicitarse en el ámbito hospitalario ante la sospecha clínica de anafilaxia, aunque esto nunca debe hacernos demorar el tratamiento. Es un mediador que se encuentra principalmente en los mastocitos y en menor medida en los basófilos. Se eleva a los 15 minutos del inicio de los síntomas, alcanzando su valor máximo a los 60-90 minutos, y permanece elevada hasta 6-9 horas después.
Es recomendable la extracción de un mínimo de tres muestras seriadas para conseguir una mayor sensibilidad y especificidad: en el momento del diagnóstico, a las 2 horas del inicio y a las 24 horas para tener un nivel basal del paciente. La concentración normal de triptasa total en suero es inferior a 13,5 mcg/L y una elevación de al menos dos veces el valor basal es sugestivo de anafilaxia.
Hay que tener en cuenta, que un valor normal de triptasa no descarta la anafilaxia, pues en la desencadenada por alimentos, que es la más frecuente en niños, las principales células implicadas son los basófilos, que tienen menor cantidad de triptasa que los mastocitos, por lo que puede ocurrir que no esté elevada.
La determinación de histamina tiene menor utilidad en el diagnóstico, pues alcanza su pico a los 5-10 minutos del comienzo de los síntomas y a los 60 minutos su valor vuelve a cifras basales, por lo tanto, su uso en la práctica clínica habitual es prácticamente imposible (Figura 1). Sí podría ser útil la determinación de metabolitos de histamina en muestra de orina de 24 horas.

b.- Otros estudios de laboratorio
Aumento de leucotrieno E4 en orina, que es posible detectar en las 6 horas posteriores al cuadro clínico.
Se habla en un futuro de paneles conjuntos de varios marcadores de actividad de mastocitos y basófilos, así como factor de activación de plaquetas.
Cuando está presente el antecedente reciente de una exposición a un alérgeno, conocido o no, en un niño con manifestaciones cutáneas, el diagnóstico es fácil de sospechar. Sin embargo, cuando no se obtienen estos datos de la historia clínica del niño o faltan las manifestaciones cutáneas, la anafilaxia puede asemejarse a otras enfermedades que cursan con afectación cutáneo-mucosa, digestiva, respiratoria y cardiovascular principalmente (Tabla 4).

El tratamiento de la anafilaxia es la adrenalina intramuscular. Se debe administrar de forma inmediata y valorar la respuesta. Posteriormente se aplicarán otros tratamientos. De la rapidez en la forma de actuar dependerá el éxito del tratamiento.
Todos los centros sanitarios deberían disponer de un protocolo de actuación para el manejo inicial de la anafilaxia13, (Figura 2) y los profesionales estar capacitados y actualizados en dichos tratamientos14 ,15.

Además, como cualquier urgencia vital, la anafilaxia precisa de una rápida valoración inicial mediante el TEP (triángulo de evaluación pediátrico) (Figura 3 y tabla 5) y de la secuencia ABCDE, llevando a cabo las medidas necesarias para estabilizar al paciente si es preciso. Es necesario también solicitar ayuda y retirar el alérgeno responsable de la misma, si es posible.


En el caso de estar ante un paciente estable y presentar solo síntomas cutáneos, considerar un menor umbral para la administración de adrenalina en tres circunstancias:
Si reacción grave previa.
Exposición a un alérgeno conocido.
Asma concomitante.
Todo niño que presente un episodio de anafilaxia, incluso si responde favorablemente al tratamiento, debe ser remitido a un centro hospitalario por la posibilidad de una anafilaxia bifásica y para asegurar y reforzar al alta que la familia reconocerá los síntomas y sabrá actuar en un episodio similar posterior.
Es el fármaco de elección y debe administrarse siempre lo más precozmente posible, antes que cualquier otra medicación, pues es el único fármaco que puede salvar la vida del paciente16. En los últimos años, el uso de adrenalina en el manejo de la anafilaxia se ha incrementado gracias a la colaboración de programas formativos entre médicos responsables servicios de urgencias y alergólogos 17.


En la Tabla 8 detallamos las dosis de los fármacos más habitualmente utilizados por vía intravenosa para el tratamiento de la anafilaxia.

Oxígeno
Todo paciente con anafilaxia debe recibir de forma precoz oxígeno suplementario con mascarilla buco-nasal independientemente de su situación respiratoria, siendo aún más importante si presenta síntomas respiratorios o hipotensión. Ante todo, paciente inestable se colocará mascarilla buco-nasal con reservorio (15 l/min) para mantener la saturación de oxígeno por encima del 95% y evitar el colapso de la vía aérea. Actualmente las guías lo consideran como la intervención terapéutica más importante tras la administración de adrenalina.
Broncodilatadores
Los broncodilatadores deben utilizarse siempre que el niño presente broncoespasmo, siempre después de la adrenalina IM. Se debe usar un beta-2 agonista de acción corta como el salbutamol. Si es posible porque las condiciones del niño lo permiten, en MDI con cámara 5 puff cada 10 minutos. Si no fuera posible, se usará nebulizado a dosis es de 0,15 mg/kg, hasta un máximo de 5 mg, diluidos en 2-3 ml de suero fisiológico, pudiéndose repetir a los 15-20 minutos.
La asociación de bromuro de ipratropio puede ser útil en niños asmáticos (<20 Kg: 250 mcg; > 20 Kg: 500 mcg)
Corticoides
Son fármacos de segunda línea, deben ser utilizados siempre tras la adrenalina IM. Pueden ser útiles en los casos en los que persiste la clínica cutánea tras administración de la adrenalina IM. En niños con asma asociado, el tratamiento precoz resulta beneficioso y también puede prevenir la aparición de reacciones bifásicas, aunque no está demostrado.
El corticoide más utilizado: metilprednisolona a dosis de 1-2 mg/Kg/dosis (máximo de 125 mg), y posteriormente prednisona/prednisolona 1-2 mg/Kg/día, distribuidos en 2-3 tomas, durante 3-4 días tras el alta hospitalaria.
También puede utilizarse hidrocortisona con un poder más rápido de acción, pero su administración debe ser más lenta, tanto intravenosa como intramuscular, a dosis de 10-15 mg/kg/dosis.
Dosis altas de budesonida inhalada pueden ser eficaces para edema laríngeo, por lo que se aconseja su uso en niños con estridor.
Antihistamínicos
Son fármacos de segunda línea en el tratamiento de la anafilaxia ya que solo son eficaces para aliviar síntomas cutáneos, por lo que su uso aislado resulta insuficient18. Pero a pesar de que son escasos los datos de eficacia, parece lógica su utilizacion19.
El único antihistamínico disponible por vía parenteral en nuestro país es la dexclorfeniramina.
Se puede utilizar vía intravenosa, intramuscular profunda o subcutánea, pero se aconseja siempre una administración lenta para evitar efectos secundarios.
Dosis: dexclorafeniramina (Polaramine® 1 ampolla=5 mg) es de 0,1-0,15 mg/Kg/dosis hasta un máximo de 5 mg/dosis. Puede repetirse cada 6-8 horas. Dosis máxima diaria: 20 mg.
Por vía oral, si la situación lo permite, es preferible el uso de antihistamínicos de segunda generación, no sedantes, para evitar la posible somnolencia que pueda interferir en la valoración de los síntomas, como la cetirizina. Se recomienda utilizar Hidroxicina el menor tiempo posible y a la dosis mínima eficaz debido al riesgo arritmogénico y la prolongación del intervalo QT que puede provocar 20.
Reposición de líquidos
En la anafilaxia se produce un incremento de la permeabilidad vascular y como consecuencia una extravasación de plasma al espacio intersticial, por lo tanto, se requiere la administración de fluidos de modo precoz.
Ante la persistencia de hipotensión tras administrar adrenalina se asume que existe una depleción extravascular y se debe reponer volumen con suero salino fisiológico en bolo de 20 ml/Kg, que se puede repetir cada 5-10 minutos hasta un máximo de 60 ml/Kg hasta normalizar la tensión, y si no remonta se debe repetir la dosis de adrenalina. Si aún no hubiera mejoría, utilizar fármacos vasopresores.
Glucagón
Es útil en pacientes que no responden a adrenalina, especialmente aquellos que reciben tratamiento con betabloqueantes (ya que pueden desarrollar hipotensión refractaria y bradicardia prolongada). En estos casos está indicado la administración de glucagón debido a que su acción inotrópica y cronotropa no está mediada por los receptores betaadrenérgicos.
Dosis: 20-30 mcg/Kg (máximo 1 mg), por vía intravenosa o intramuscular, pudiendo repetirse a los 5 minutos. Los efectos secundarios más frecuentes son náuseas y vómitos, por lo que precisa protección de la vía aérea.
Atropina:
La atropina está indicada en caso de bradicardia prolongada, a dosis de 0,02 mg/kg. Dosis mínima: 0,1 mg (para evitar la bradicardia paradójica). Dosis máxima por bolo: 0,6 mg. Repetir cada 3-5 minutos si precisa. Dosis máxima acumulada no debe superar 1 mg.
Todo niño que haya presentado una anafilaxia debe permanecer en observación hospitalaria durante al menos 6 horas tras la resolución. En el caso de un caso de anafilaxia con compromiso cardiocirculatorio la estancia en observación en servicio hospitalario será de 12 horas.
El tiempo en observación, debe ser individualizado para cada paciente prolongándose si:
Una vez resuelto el cuadro y tras el periodo de observación pertinente el niño puede recibir el alta hospitalaria con una serie de recomendaciones (Tabla 9), entre las que destaca la prescripción de autoinyectores de adrenalina, el adiestramiento en su manejo del niño y familiares o cuidadores, y adjuntar un plan de acción por escrito donde se especifiquen claramente los desencadenantes de anafilaxia (si se conocen).

Actualmente en nuestro país están comercializados autoinyectores con tres tipos de dosis fijas, por lo que la dosis a administrar en muchos casos no podrá adecuarse de modo preciso a la recomendada (0,01 mg/Kg).
Resulta razonable:
Todo niño que haya sufrido una anafilaxia deberá tener disponible dos AIA (ya que el 10% de pacientes precisan una 2ª dosis, por posibles fallos o inyecciones en lugares equivocados o por posibles retrasos en la asistencia médica 21) para que los padres, cuidadores o el propio niño pueda administrarlo de modo inmediato en caso de necesidad. Deben darse instrucciones claras sobre cuándo y cómo se debe de utilizar el dispositivo, recalcando la importancia de su uso precoz para poder controlar la anafilaxia. Se debe administrar por vía intramuscular en la parte anterolateral del músculo vasto externo, equidistante entre la rótula y la cresta iliaca (Figura 4)

Si bien los distintos autoinyectores comercializados parecen similares, difieren en cuanto al mecanismo de acción y al tamaño de la aguja. La longitud de la aguja varía desde los 10 mm a los 23 mm y ello conlleva riesgos de administración intraósea (aguja larga en lactantes) o subcutánea (aguja corta en adolescentes obesos) 23.
Dada la longitud de la aguja en los autoinyectores actualmente disponibles en nuestro país, podría existir riesgo de inoculación en el hueso subyacente. Para evitar este riesgo en estos lactantes de menor peso, se ha propuesto “pellizcar “el músculo de la pierna en el lugar de la inyección aumentando así la distancia entre la piel y el hueso 1.
7.1.- Estudio alergológico
Todo niño que haya presentado un episodio de anafilaxia debe ser remitido al alergólogo pediátrico de forma preferente, para identificar la causa y diseñar un plan de acción que minimice el riesgo futuro de presentar otros episodios. Hasta ese momento, hay que instruir al niño, familiares y cuidadores sobre cuáles son los posibles agentes responsables de la anafilaxia y qué debe evitar.
Además de las normas de evitación del alérgeno responsable de la anafilaxia, en los casos de alergia a picaduras de himenópteros se podrá indicar inmunoterapia específica, y, en la alergia a alimentos como leche o huevo, realizar una inducción a la tolerancia oral o desensibilización.
El estudio alergológico incluirá lo siguiente:
Una vez llegado al diagnóstico deberemos informar al paciente y cuidadores por escrito de las normas preventivas y del protocolo de actuación ante futuros episodios.
7.2.- Educación sanitaria.
Los niños alérgicos deben conocer bien cuál es el alérgeno responsable de su patología, saber identificarlo incluso como alérgeno oculto, formas de exposición y contacto. Así mismo deben saber reconocer con prontitud los síntomas para identificar la situación de riesgo y actuar en consecuencia. En este aspecto educativo somos los pediatras de atención primaria los más cercanos a ellos y por tanto debemos asegurarnos de que dominan estos aspectos.
Por su parte el pediatra debe comprobar el dispositivo que posee la familia en cada momento y conocer con exactitud el manejo del mismo, recordando que no todos los dispositivos tienen el mismo manejo a pesar de ser parecidos. El entrenamiento del dispositivo debe ser específico para cada autoinyector y asegurarse de que conoce el manejo del mismo si se cambia el dispositivo25.
En los pacientes de peso < 10 Kg a los que hemos prescrito un vial de adrenalina (Adrenalina B Braun sol. iny 1mg/1ml), siempre se ha de comprobar que la familia lo entiende y lo maneja correctamente.
Cuando ocurra una reacción anafiláctica siempre se debe acudir a un servicio de urgencias de pediatría tras la utilización de un AIA.
Enlaces de interés:
Existen programas de identificación, de estos pacientes que facilitar la actuación preferente en el caso de reacción anafiláctica en diversas comunidades autonómicas.
Enlaces de interés:
Además, será conveniente que el niño sepa las precauciones que debe tomar y que el profesorado sea informado sobre los síntomas y signos de una reacción alérgica, así como el correcto uso del autoinyector de adrenalina por medio de simuladores.
Además de la correcta preparación y/o manipulación de los alimentos en el comedor escolar, el centro educativo tendrá en cuenta los posibles alérgenos que pueden estar presentes en las diferentes actividades escolares que se realizan durante el curso como: manualidades realizadas con cáscaras de frutos secos, envases…; celebraciones de fiestas y cumpleaños con diferentes alimentos y globos o juguetes; materiales para uso de higiene habitual como pañales o guantes.
Dicha información no debe ser olvidada en las salidas fuera del centro escolar como excursiones, campamentos, colonias, etc. que se deben trasmitir al tutor responsable del niño junto con el aporte de la medicación a utilizar en el caso de ingestión o contacto accidental con alérgeno.
Para una actuación rápida y conjunta, no solo de los familiares sino también de todos los profesores y monitores de actividades y otros cuidadores, se han elaborado protocolos de actuación conjunta con centros sanitarios de emergencia, los cuales irán dando instrucciones de ante una situación de probable anafilaxia.
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Las enfermedades alérgicas son uno de los principales problemas sanitarios en el momento actual con una prevalencia acumulada según estudios poblacionales de un 25-40% de los niños y adolescentes.
En España, los datos más recientes de prevalencia de asma son del 10,4% en niños y del 15,3 % en adolescentes, del 20% y 35,1% para la rinitis alérgica y del 8,5% y 17,6% para la rinoconjuntivitis alérgica en niños y adolescentes, respectivamente. En el caso de la dermatitis atópica, un 12,8% de los niños y un 15% de adolescentes han presentado dermatitis atópica en el último año y hasta el 40,5% y 23% han sido diagnosticados por un médico de dermatitis atópica, respectivamente1-3. Estas prevalencias, a pesar de que son muy variables según el área geográfica, han aumentado considerablemente en los últimos 20-30 años, por lo que la necesidad de realizar estudios alergológicos se ha incrementado paralelamente.
En este documento se revisan aspectos relacionados con el diagnóstico de la alergia en Pediatría de Atención Primaria (PAP), fundamentalmente en relación con la atención al niño y adolescente con asma, rinoconjuntivitis alérgica y dermatitis atópica. Así mismo, se incorporan los conocimientos actuales sobre el diagnóstico molecular con alérgenos moleculares recombinantes desarrollado en los últimos años y que está suponiendo un gran avance en el diagnóstico y tratamiento del proceso alérgico.
Dentro de este amplio grupo de enfermedades, nos referiremos exclusivamente a las relacionadas con la atopia, que es una condición, genéticamente determinada, por la que se desarrollan reacciones de hipersensibilidad tipo I, mediadas por IgE, ante sustancias inhaladas, ingeridas o por contacto que son inocuas para el resto de la población y que se manifiestan con una expresividad clínica muy variable, que va desde una sensibilización asintomática hasta síntomas cutáneos como la dermatitis atópica, síntomas gastrointestinales y alergia a alimentos (principalmente leche, huevo), síntomas respiratorios como el asma bronquial, rinitis y/o rinoconjuntivitis alérgicas, o en último extremo anafilaxia y shock anafiláctico con riesgo vital.
En el conjunto de España3-4, los alérgenos inhalantes más prevalentes responsables de la sensibilización alérgica y causantes de síntomas respiratorios son los ácaros (dermatophagoides, lepidoglyphus destructor), pólenes (gramíneas, olivo, plátano de sombra, ciprés, llantén), epitelios de animales (gato y perro) y algunos hongos (alternaria). Debe conocerse el perfil de sensibilizaciones alérgicas a nivel local y regional, así como sus prevalencias puesto que existen marcadas diferencias en nuestro país según el área geográfica estudiada.
En cuanto a los alérgenos alimentarios implicados destacan el huevo, leche, cacahuete, frutos secos, trigo, pescado, fruta como el melocotón, marisco y soja. Aunque la dermatitis atópica es un problema común en los niños y en particular en los lactantes y preescolares, alrededor de un 30% de los niños con dermatitis atópica persistente moderada o severa pueden tener un alérgeno alimentario causante del agravamiento y la severidad de la enfermedad5-10.
De los múltiples estudios epidemiológicos1-3,11 realizados en las últimas décadas se han obtenido algunas conclusiones de interés para la práctica clínica:
En el proceso de evaluación inicial del niño con asma, rinitis alérgica y dermatitis atópica se debe realizar una historia clínica detallada y una exploración física completa y disponer de las pruebas objetivas que permitan confirmar el diagnóstico de alergia en Atención Primaria (AP), ya que la detección de sensibilización mediada por IgE tiene demostradas implicaciones en el pronóstico y el tratamiento, y por otro lado, la identificación de los alérgenos desencadenantes permite adoptar de manera individualizada las medidas de evitación adecuadas.
La utilización de las pruebas alérgicas en AP en los niños con síntomas respiratorios o cutáneos es una estrategia costo-efectiva que permite conseguir una reducción de los gastos sanitarios, fundamentalmente por el menor uso de medicamentos como antihistamínicos, broncodilatadores y sobre todo corticoides, así como un incremento considerable del porcentaje de pacientes mejor diagnosticados y tratados12.
Las enfermedades alérgicas representan uno de los principales problemas sanitarios en la infancia, con prevalencias que alcanzan el 25–40% según estudios poblacionales.
El documento revisa el papel del pediatra de Atención Primaria en el diagnóstico de la alergia, especialmente en asma, rinitis alérgica y dermatitis atópica.
Las sociedades científicas6-9,13 han establecido claramente las recomendaciones para realizar las pruebas de alergia en el paciente pediátrico con sospecha de enfermedad alérgica. Así mismo, las principales guías de referencia sobre asma14-17, los programas de atención pediátrica al paciente con asma18-20 y la guía ARIA de rinitis alérgica y su impacto sobre el asma21 incluyen el estudio alérgico entre los que se deben realizar durante el proceso diagnóstico.
De acuerdo con estas recomendaciones y teniendo en cuenta la prevalencia del problema y el modelo de atención pediátrica, el pediatra de AP estudiará desde el punto de vista alergológico a todos aquellos niños, independientemente de su edad en los que existan:
En todos los casos se profundizará en la anamnesis, orientándola hacia los posibles desencadenantes compatibles o probables para cada paciente concreto, se analizará la estacionalidad, el hábitat del niño y las circunstancias en las que se desencadenan los síntomas. Es imprescindible conocer los alérgenos prevalentes localmente en cada área geográfica y, en el caso de los pólenes, los periodos de polinización y niveles de los mismos23. Una vez sospechado un determinado desencadenante mediante una anamnesis y exploración clínica bien orientadas, se confirmará mediante pruebas complementarias la etiología alérgica y, a ser posible, el o los factores desencadenantes implicados en cada paciente concreto.
No obstante, el diagnóstico de alergia solo se confirma si existe correlación entre la sensibilización a un determinado alérgeno y las manifestaciones clínicas. Este aspecto cobra especial importancia cuando se retiran determinados alimentos de la dieta en presencia de dermatitis atópica sin confirmar o realizar un correcto diagnóstico o por el contrario se detectan sensibilizaciones en sangre a alimentos (leche, huevo, trigo, etc.,) con una tolerancia a los mismos sin manifestaciones ni relevancia clínica que justifican su retirada.
Si la gravedad del cuadro o la complejidad del diagnóstico lo aconsejan, se derivará al paciente al servicio de neumoalergia pediátrico de referencia correspondiente. También se derivarán todos aquellos pacientes en los que esté indicado tratamiento con inmunoterapia.
En los últimos años, el tratamiento de la alergia alimentaria ha avanzado enormemente y se han puesto en marcha nuevos tratamientos mediante desensibilización e inducción de la tolerancia oral frente al alimento al que alcanzada una determinada edad aún no toleran (ITO)24. Se trata de una exposición oral mantenida al alimento en dosis creciente mediante protocolos estandarizados de realización en el medio hospitalario. Principalmente se realizan a huevo y leche por ser los dos alimentos más frecuentes en la alergia alimentaria en la infancia y por ser los más difíciles de evitar mediante dietas de exclusión oral. Es conocido que los alérgicos a huevo y leche que no evolucionan a tolerancia suelen tener un elevado nivel de sensibilización alérgica y riesgo de reacción anafiláctica grave por ingestión de trazas o pequeñas cantidades que estén como alérgeno oculto. Existen otros alimentos como el melocotón, cacahuete, frutos secos entre otros en los que se está realizando también ITO en los últimos años.
El desarrollo enorme en los últimos años del diagnóstico molecular con test múltiples semi y cuantitativos con alérgenos recombinantes altamente purificados evita algunas de las limitaciones existentes con los extractos alérgicos naturales utilizados. Una de sus utilidades clínicas más interesantes es su capacidad para diferenciar si se trata de una sensibilización primaria o especie específica o si se debe a una reactividad cruzada con proteínas que presentan estructuras proteicas similares a otros alérgenos dando lugar a resultados falsos positivos. Estos nuevos métodos diagnósticos junto a otros, como los test de activación de basófilos, están disponibles en unidades hospitalarias especializadas y puede ser útiles en el diagnóstico de pacientes con sintomatología alérgica compleja o grave, en la prescripción de una inmunoterapia más específica, en el diagnóstico y seguimiento de alergia alimentaria o alergia a medicamentos, y en la monitorización de tratamientos anti-IgE, aspectos que se deben conocer en PAP para su derivación pertinente cuando sea necesario7,25.
El estudio alergológico en AP incluye pruebas cutáneas, determinación de IgE específica y técnicas rápidas como ImmunoCAP Rapid®.
Características
La prueba de punción cutánea o prick test (PT) es un método de diagnóstico in vivo, que detecta IgE específica ligada a los receptores celulares de la superficie de los mastocitos, tras provocar una reacción antígeno-anticuerpo con la punción sobre la piel de una selección de alérgenos.
Por su elevada sensibilidad y especificidad, sencillez de realización, amplio perfil de seguridad, inmediatez en los resultados y bajo coste es considerada la prueba de elección en el diagnóstico de la atopia. No existen contraindicaciones absolutas para su realización, pero debe desaconsejarse en caso de reacción grave previa a un prick, situación clínica inestable (por la posibilidad de presentar una reacción grave) y en caso de urticaria activa o dermografismo grave por el riesgo de obtener un resultado falso positivo. La administración de medicamentos, especialmente antihistamínicos y corticoides tópicos interfiere con los resultados, por lo que estos deben suspenderse entre 4 y 15 días antes de realizar el PT. Si no es posible, se deben realizar pruebas in vitro.
No hay descritas en la literatura reacciones mortales originadas por esta prueba y las reacciones sistémicas son muy infrecuentes, pero no inexistentes. Estudios retrospectivos con series amplias, sitúan la probabilidad de reacción tras PT con neumoalérgenos entre un 0,01-0,02%, ninguna de ellas severa e inferior al 0,055% cuando se incluyen alérgenos alimentarios27,28. Otro estudio sitúa la tasa de reacciones sistémicas que requieren adrenalina en un 0,02% de PT29. En una serie pediátrica30 todas las reacciones aparecieron tras la realización de PT con alimentos frescos, en lactantes menores de 6 meses con antecedentes personales de eczema atópico y antecedentes familiares de alergia. Todos los casos descritos se resolvieron en menos de 1 hora con adrenalina. En general, la prevalencia de reacciones sistémicas parece ser mayor en niños pequeños cuando se utilizan alérgenos alimentarios, con una tasa notificada de reacciones sistémicas del 6,5 % en lactantes menores de 6 meses.
Indicaciones
Es una herramienta que debe estar a disposición del primer nivel asistencial, tras formación previa del profesional sanitario en la ejecución de la prueba y la interpretación de los resultado31-33.
Resumen de la técnica
La presencia de un habón de tamaño superior a 3 mm indica sensibilización a dicho alérgeno, pero hay que correlacionar el resultado con la historia clínica para interpretar correctamente su relación con la sintomatología.
Según las recomendaciones de los consensos y estudios multicéntricos6-7,34 y la Guía Española para el Manejo del Asma17, la batería habitual debe contener 13-18 alérgenos e incluir ácaros, pólenes y/o mezclas de pólenes de gramíneas, árboles y malezas, variables en función de la localización geográfica, epitelios de perro y gato, cucarachas y hongos. La selección de alérgenos dependerá en cada caso de los datos aportados por la historia clínica y el mapa alergénico de la zona.
Con respecto a la dermatitis atópica moderada o severa en los menores de 3 años el PT debería incluir al menos huevo y leche, así como otros alérgenos alimentarios sospechados por la historia clínica con el objetivo de identificar algún alimento que pudiera agravarla. En los mayores de esta edad afectos de dermatitis atópica, dado que la prevalencia de alergia alimentaria disminuye debido a la favorable historia natural, es recomendable estudiar la sensibilidad alérgica a inhalantes, fundamentalmente los ácaros del polvo ya que son potenciales agravantes de esta enfermedad alérgica cutánea6-8.
Inmunoglobulina E específica (IgE específica)
Características
La determinación cuantitativa del nivel de IgE específica frente a distintos alérgenos se considera el patrón oro o método de referencia en el diagnóstico de la alergia, por su elevada sensibilidad y especificidad y porque permite cuantificar la respuesta y conocer el grado de sensibilización según el nivel de anticuerpos. El resultado está estandarizado y sometido a controles de calidad.
La técnica habitualmente utilizada es el sistema CAP®, basado en un fluoroenzimoinmunoensayo (FEIA), que es más sensible que el RAST y es capaz de detectar niveles muy bajos de IgE específica sérica. Los resultados se pueden expresar en clases (de 0 a 6) o en Ku/L, dependiendo del nivel de anticuerpos detectado, aunque en la actualidad se tiende a indicar sólo el nivel de anticuerpos en KU/L. El resultado es positivo si se detectan valores superiores a 0,35 Ku/L de IgE específica. Por encima de 3,5 Ku/L se consideran niveles altos de sensibilización.
En pacientes con una historia clínica compatible, la presencia de IgE específica es suficiente para llegar al diagnóstico de enfermedad alérgica, en cualquiera de sus variantes clínicas.
Otras ventajas de la determinación sérica de IgE específica son la ausencia de riesgo para el paciente, que no se ve interferida por fármacos y que sólo requiere una pequeña muestra de suero. El inconveniente principal es su coste más elevado, la necesidad de realizar una extracción y el retraso en los resultados.
Indicaciones
Características
Es una técnica in vitro, cualitativa, de cribado inicial, que confirma o excluye la presencia de sensibilización mediada por IgE ante determinados alérgenos, en una muestra de sangre venosa. En una segunda fase, si la prueba ha sido positiva, el laboratorio cuantificará la IgE específica frente a los alérgenos que contiene Phadiatop®, en la misma muestra de sangre inicial. Si el resultado es negativo, no son necesarias más determinaciones, ya que la probabilidad de alergia es muy baja32-33,35. Con esta estrategia mejora el coste–beneficio de la determinación de IgE específicas y permite obtener información objetiva sobre la presencia de sensibilización en niños con sospecha clínica de enfermedad alérgica.
Phadiatop® contiene una mezcla de neumoalérgenos prevalentes (ácaros, pólenes, epitelios de perro y gato, hongos) responsables de más del 90% de sensibilizaciones en niños mayores de 5 años. Phadiatop® infant contiene además de neumoalérgenos, una selección de alérgenos alimentarios (leche, huevo, cacahuete, soja y gamba) que suponen, en conjunto, más del 98% de los antígenos responsables de la sensibilización alérgica en niños menores de 4 años.
El estudio multicéntrico APIA5, realizado por el GVR, ha demostrado la utilidad de éste método como prueba de cribado en niños con dermatitis atópica, sibilancias recurrentes y asma, superando a la IgE total (que debe ser evitada como prueba de cribado inicial) para detectar correctamente a los pacientes sensibilizados.
Indicaciones
Las mismas que la determinación de IgE específica.
Características
Es una técnica de diagnóstico in vitro, que permite la detección rápida de sensibilización IgE mediada frente a determinados alérgenos, a partir de una muestra de sangre capilar obtenida por punción del pulpejo del dedo.
Para niños, está disponible el perfil sibilancias/rinitis que incluye 10 alérgenos: 8 neumoalérgenos (gato, perro, abedul, olivo, artemisia, parietaria, hierba timotea, ácaro) y 2 alérgenos alimentarios (huevo y leche).
Es una técnica cualitativa, puesto que informa de un resultado positivo o negativo de forma individualizada frente a cada alérgeno del panel, y también semicuantitativa, ya que varía la intensidad de la coloración de las bandas de cada alérgeno del panel según la cantidad de IgE específica presente frente a cada alérgeno estudiado.
Las ventajas principales de esta técnica son la sencillez de realización que facilita su uso en los niños más pequeños, su fácil interpretación y la rapidez en la obtención de resultados, ya que en 20 minutos se conoce la respuesta, en la propia consulta.
Entre las limitaciones que puede tener esta técnica estaría la falta de un perfil de alérgenos más orientado a cada zona geográfica y la menor sensibilidad cuando el nivel de anticuerpos detectados es inferior a 1 Ku/L.
Indicaciones
Aunque se precisan series más amplias para determinar claramente su papel en el diagnóstico de la alergia, los estudios publicados hasta ahora hacen que sea una técnica especialmente aconsejable para el diagnóstico de la alergia en AP35-36.
Está indicada en el estudio inicial de los pacientes con asma, rinoconjuntivitis alérgica o dermatitis atópica moderada o severa. Como incluye alérgenos de huevo y leche, resulta de interés en niños menores de 4 años, en los que la sensibilización a alimentos actúa como marcador pronóstico de un posible fenómeno de marcha atópica y en casos de sospecha clínica de alergia alimentaria (huevo o leche) asociada a dermatitis atópica. Ante un resultado negativo, no concordante con la clínica, es necesario realizar otras pruebas.
Resumen de la técnica del ImmunoCap Rapid®
En la Figura 1 se resumen las técnicas indicadas y disponibles para el estudio de la alergia en AP.

El diagnóstico por componentes alergénicos naturales o recombinantes supone una gran mejoría en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes alérgicos, ya que junto con la historia clínica y otros métodos diagnósticos in vivo e in vitro mejora la precisión diagnóstica. En los próximos años es deseable que su disponibilidad se extienda progresivamente también en AP.
Para una mejor comprensión de lo que significa el diagnóstico molecular debemos conocer las diferencias entre fuente alergénica, extracto alergénico y molécula alergénica37:
Mientras que con los métodos tradicionales se identifican básicamente sensibilizaciones frente a fuentes proteicas alergénicas, el diagnóstico molecular permite identificar moléculas con capacidad alergénica, lo que permite disponer de una base de alérgenos que cada vez es más completa y numerosa25,26,,37. Además, el diagnóstico molecular permite diferenciar si se trata de una sensibilización primaria o especie específica o si se debe a una reactividad cruzada con proteínas que presentan estructuras proteicas similares a otros alérgenos (denominados panalérgenos) dando lugar a resultados falsos positivos. Así, los panalérgenos son proteínas ampliamente extendidas en los seres vivos (fundamentalmente, aunque no de forma exclusiva, en el reino vegetal), implicadas en funciones biológicas importantes (generalmente de defensa), por lo que sus secuencias y estructuras están altamente conservadas a lo largo de la evolución de los seres vivos y por ello están presentes en especies muy diferentes, de forma idéntica o con escasas variaciones en su conformación.
Estas determinaciones de componentes o moléculas alergénicas se pueden realizar individualmente a través de la medición de anticuerpos IgE específicos mediante el sistema de diagnóstico ImmunoCAP® y otros, o bien de forma simultánea y agrupada a través de diferentes plataformas de biochip, entre las que destacan ImmunoCAP ISAC® (Immuno Solid-phase Allergen Chip System), con 112 componentes de 51 fuentes de alérgenos acoplados a un microchip o el test ALEX2® (Allergy Xplorer) múltiplex array que ofrece 117 extractos de alérgenos y 178 componentes moleculares de fuentes de alérgenos de inhalantes, alimentos, animales, látex e insectos. Las unidades de medida del ISAC® son ISUs (ISAC Standarized Units) con una fiabilidad validada pero no son equiparables con las unidades de IgE específica del sistema InmunoCAP® como ocurre también en el test ALEX2®. Los resultados del ISAC® son semicuantitativos clasificados en 4 categorías diferentes y con un rango de 0,3-200 ISU: negativo (<0,3 ISU), baja (0.3-1 ISU), moderada-alta (1-15 ISU) y muy alta (>15 ISU). En el sistema ALEX2® los resultados son cuantitativos y se expresan en 5 categorías con un rango de 0,3-50 kUA/L: negativo o dudoso (<0,3 kUA/L), baja (0,3-1 kUA/L), moderada (1-5 kUA/L), alta (5-15 kUA/L) y muy alta (>15 kUA/L)38-39.
La concordancia general entre ISAC® y ALEX2® para los 102 componentes de alérgenos alimentarios e inhalantes que comparten es alta (86,2-94,3%) pero con diferencias de rendimiento sobre todo en los panalérgenos38-40
Los panalérgenos más estudiados (Tabla I) son las proteínas transportadoras de lípidos (LTP), las profilinas, las proteínas de almacenamiento, homólogos de Bet v 1 (PR-10) las polcalcinas y la tropomiosina25-26,40. Las LTP, profilinas, homólogos de Bet v 1 se encuentran en alimentos y en pólenes. Las proteínas de almacenamiento en frutos secos y semillas. Las polcalcinas se encuentran en pólenes y la tropomiosina está presente en el músculo de animales invertebrados.

Proteínas transportadoras de lípidos, LTP:
Las proteínas transportadoras de lípidos (lipid transfer proteins; LTP, por sus siglas en inglés), son una familia de proteínas de 9 kDa de peso, distribuidas ampliamente en el reino vegetal, cuya función principal es defensiva frente a infecciones y estructural, participando en la formación de la cutícula y en la transferencia de los fosfolípidos desde los liposomas a la mitocondria. Están presentes en las hojas de las plantas, en el polen de diversas especies (Olivo, Ole e7; Platanus, Pla a 3), en el látex (Hev b 12) y en la piel y capas externas de las frutas, destacando el melocotón (Pru p 3) y manzana (Mal d 3) entre otras, y juegan un papel principal en la alergia a las frutas rosáceas,26,40-41. También se encuentran en otros alimentos como los frutos secos, avellana (Cor a 8), nuez (Jug r 3), cereales como el trigo (Tri a 14), verduras, hortalizas y cacahuete (Ara h 9).
Las primeras sensibilizaciones alérgicas a LTP se describieron en Italia y España, pero posteriormente se han descrito en muchos otros países e incluso en China. Aunque en la infancia el sensibilizante primario más frecuente es la LTP del melocotón (Pru p 3) puede haber variaciones según el área geográfica de residencia40-42.
Las LTP son resistentes a la digestión enzimática, al calor y Ph ácido, por lo que pueden producir síntomas con alimentos incluso procesados, como los zumos y las mermeladas. Estas características son las que le confieren su capacidad de ser sensibilizante primario vía digestiva produciendo síntomas locales como náuseas, vómitos, dolor abdominal o síndrome de alergia oral (SAO) con prurito oral u orofaríngeo que en ocasiones se acompaña de disfonía o edema de labios, lengua, úvula y laringe. También puede producir reacciones sistémicas como urticarias, asma, rinoconjuntivitis alérgica, incluso anafilaxia, debido a que llegan al tracto digestivo intactas. Por otro lado, las LTP al localizarse en las capas externas de las plantas y frutas explica los diferentes síntomas cuando se come fruta sin pelar o pelada en pacientes alérgicos. Otras vías de sensibilización menos frecuentes a LTP son la vía inhalada y la vía cutánea, y pueden ser iniciadas por una LTP del pólen40-44. Algunos pacientes alérgicos a LTP pueden mostrar sólamente síntomas cuando existen cofactores como el ejercicio físico, el alcohol, cambios hormonales, stress emocional o la toma de antiinflamatorios40,45.
Profilinas
Son proteínas de 12-15 kDa, que se encuentran en todas las células eucarióticas, siendo su principal función estimular el ensamblaje de los filamentos de actina en las células. Se encuentran en vegetales, pólenes, látex y veneno de himenópteros y son reconocidas en el 10-50% de los pacientes con alergia al polen y vegetales dependiendo de la población, con mayor prevalencia en los países mediterráneos que en el norte de Europa25,26,46.
Los pacientes alérgicos a profilinas se sensibilizan primariamente por vía inhalatoria al alérgeno (rinitis, conjuntivitis, etc.,) y posteriormente la ingesta de alimentos con este mismo panalérgeno desencadena síntomas digestivos. Los síntomas que producen se limitan a cavidad oral, produciendo SAO en la mayoría de los casos debido a que las profilinas resisten las amilasas orales, pero en cambio son sensibles al calor, digestión gástrica, así como a las pepsinas digestivas26,47-49. El tomate crudo, melón, sandía y frutas cítricas se asocian frecuentemente a la alergia a las profilinas.
Se han descrito diferentes síndromes relacionados con las profilinas como el síndrome polen de gramíneas-frutas rosáceas (reactividad entre la profilina Phl p 12 de gramíneas y la profilina de frutas como la del melocotón, Pru p 4); síndrome abedul-frutas rosáceas (por reactividad cruzada entre la profilina del abedul Bet v 2 con la de la manzana, Mal d 2), síndrome plátano de sombra y avellana, cacahuetes, plátano, manzana, lechuga, garbanzo; síndrome apio-artemisia-especias; o síndrome artemisia y mostaza. También es frecuente el síndrome látex-frutas por sensibilización a la profilina del látex (Hev b 8) y sensibilización a alimentos como plátano, piña, kiwi, aguacate y castaña37,40,47-49.
Proteínas de almacenamiento
Las proteínas de almacenamiento (2S albúminas, 7/8S globulinas, 11S globulinas) están presentes en los frutos secos (nuez, avellana…), legumbres (cacahuete, soja…), y otras semillas (trigo sarraceno, sésamo, mostaza …). Son proteínas resistentes al calor y a la digestión por lo que pueden producir síntomas no sólo con los alimentos crudos sino también con los alimentos cocinados. Se asocian con reacciones sistémicas graves y anafilaxia además del SAO. Entre los alérgenos más representativos están la nuez (Jug r 1, Jug r 2, Jug r 4), el cacahuete (Ara h 2, Ara h 6, Ara h 7, Ara h 1, Ara h 3), avellana (Cor a 9 Cor a 14)), trigo (Tri a 19 o ω-5-gliadina)25-26,37,40.
La Tri a 19 o ω-5-gliadina se ha mostrado como un marcador de riesgo en niños de alergia inmediata a la ingesta de trigo y de anafilaxia inducida por el ejercicio dependiente del trigo tras su ingesta (WDEIA, acrónimo en inglés, Wheat-Dependent Exercise-Induced Anaphylaxis)26,40.
Tropomiosina
Es una proteína fibrosa presente en el músculo de animales invertebrados como ácaros, cucarachas, insectos, crustáceos (gambas, langostas, cigalas…), moluscos como bivalvos (mejillones, almejas, ostras…), cefalópodos (calamares, sepia, pulpo…) y gasterópodos (caracol, lapa…).
Son proteínas termoestables e hidrosolubles, resistentes al calor y con capacidad de evaporación. Tras la ingesta pueden producir urticaria y angioedema agudo que son los síntomas más frecuentes. También dermatitis de contacto y urticaria de contacto. Tras inhalación del vapor pueden producir síntomas de rinoconjuntivitis y asma. Otra vía de sensibilización es la infección parasitaria por áscaris o anisakis26,37,40.
Las tropomiosinas del camaron (Pen a 1) gamba (Pen b 1) y langostino (Pen m 1) son de las más relevantes a nivel clínico y alérgico. La tropomiosina (Der p 10) que contienen los ácaros explicaría la existencia de reactividad cruzada entre los ácaros y todas las especies de invertebrados mencionadas, incluso en pacientes que nunca han ingerido por ejemplo mariscos.
Homólogos de Bet v 1 (PR-10)
Son proteínas de defensa que se expresan en situaciones desfavorables para las plantas como la exposición a contaminantes, infecciones, estrés, etc. Estas proteínas son responsables del síndrome de alergia oral en aquellos pacientes con alergia al polen de abedul (muy presente en el norte y centro de Europa, aunque también en el norte de España) cuando ingieren frutas o verduras, debido a la homología estructural del alérgeno mayor del abedul (Bet v 1) con el alérgeno mayor de la manzana (Mal d 1), melocotón (Pru p 1), cereza (Pru av 1), pera (Pyr c 1), pero también con otros alérgenos presentes en la avellana (Cor a 1), cacahuete (Ara h 8), apio (Api g 1) y algunos otros. Ocasionalmente pueden desencadenar síntomas sistémicos26.
Polcalcinas
La función principal de estas proteínas de aproximadamente 9 kDa está relacionada con la germinación y el crecimiento. Las polcacinas están incluidas en la superfamilia de las proteínas ligadoras de calcio y se expresan en el polen de árboles (olivo, Ole e 3), malezas (Chenopodium, CHe a 3) y gramíneas (Phleum, Phl p 7)23,26,37,40.
Son consideradas un marcador de polisensibilización y de reactividad cruzada entre pólenes y su relevancia clínica respiratoria es desconocida
CCD (Cross-reactive carbohydrate determinants)
Están presentes en extractos derivados de plantas (polen, alimentos, especias, látex), venenos de himenópteros y algunas especies de mariscos (mejillones, …) y en algunos alérgenos moleculares provenientes de esas fuentes alergénicas. Los CCD muestran un alto grado de reactividad cruzada. Usualmente no se asocian a síntomas clínicos de forma que la presencia de anticuerpos IgE frente a los CCD son clínicamente irrelevantes26.
Entre las ventajas del diagnóstico molecular por componentes ya comentadas de una mayor precisión y eficacia diagnóstica, también es posible conocer aquellos pacientes sensibilizados a determinados alérgenos con más riesgo de desarrollar anafilaxia. El riesgo de causar síntomas y reacciones sistémicas graves es mayor con las proteínas de almacenamiento, y después en orden decreciente las LTP, PR-10, profilinas y CCD, siendo dependiente de la estabilidad de la proteína alérgica y no solo de la cantidad de alérgeno ingerida37,40,50 (Figura 2).

Por otra parte, el diagnóstico molecular puede también mejorar la selección de los pacientes y los alérgenos específicos para la inmunoterapia específica en caso de estar indicada en la alergia respiratoria a inhalantes y al veneno de himenópteros7,26,40.
Otras aplicaciones del diagnóstico molecular son: conocer el riesgo de tener reacciones en las pruebas de provocación a alimentos o qué riesgo existe según la forma de preparación del alimento administrado. En este sentido, la sensibilización a ovomucoide (Gal d 3) implica un mayor riesgo de persistencia de la alergia al huevo y sin tolerancia del huevo cocinado o horneado, mientras que en el caso del cacahuete la sensibilización a Ara h 8 aumenta la probabilidad de que remita la alergia al cacahuete.
Además de la batería habitual en el prick-test de 13-18 aeroalérgenos entre los que se incluirían ácaros, pólenes y/o mezclas de pólenes de gramíneas, árboles y malezas (variables en función de la localización geográfica), epitelios de perro y gato, cucarachas y hongos, se podrían incluir panalérgenos como LTP, profilina y la tropomiosina. Por otro lado, es posible estudiar in vitro, en casos seleccionados, alérgenos recombinantes de forma individualizada a través del ImmunoCAP® o de forma múltiple a través de los ensayos ImmunoCAP ISAC® o ALEX2 ® en caso estar disponible, habitualmente tras derivación hospitalaria.
Entre los inconvenientes principales del diagnóstico molecular destacan su coste elevado que impide la generalización de su uso a nivel de AP e incluso a nivel hospitalario y la necesidad de realizar una extracción venosa.
Sin embargo, aunque el diagnóstico molecular supone un salto cualitativo en cuanto a la información disponible de los problemas alérgicos del paciente, sigue siendo la historia clínica el pilar fundamental en el estudio y diagnóstico de la alergia ya que las sensibilizaciones encontradas pueden no tener relevancia clínica e incluso puede haber resultados no concordantes entre las determinaciones de IgE específicas frente a extractos alergénicos completos y las IgE específicas frente a alérgenos moleculares (Tabla III).
Los pediatras de AP deben estar formados en el diagnóstico alérgico molecular para poder dar respuesta a las familias sobre su enfermedad alergológica en los tiempos actuales, así como reconocer las principales indicaciones del mismo que son sobre todo aquellos niños y adolescentes polisensibilizados a múltiples inhalantes y/o con alergia alimentaria, anafilaxia, síntomas atípicos con el ejercicio y en caso de prescripción de inmunoterapia.

Puntos clave
Los alérgenos recombinantes o moleculares se pueden utilizar tanto en pruebas in vivo (prick test) como in vitro (ImmunoCAP® o ImmunoCAP ISAC® o ALEX2®). En las pruebas in vivo su uso está restringido a extractos purificados (profilina, tropomiosina, LTP, alternaría Alt 1, Ciprés Cup s 1, etc.) y en in vitro, comparados con los extractos alergénicos, los alérgenos recombinantes suponen un enorme salto cualitativo con múltiples ventajas permitiendo un diagnóstico y un tratamiento mucho más preciso.
La historia clínica es el pilar fundamental en el estudio y diagnóstico de la alergia ya que las sensibilizaciones encontradas por cualquier método diagnóstico incluyendo el diagnóstico molecular pueden no tener relevancia clínica.
LA Pulsioximetría es un método no invasivo, fácil de aplicar e interpretar, que mide la saturación porcentual de oxígeno en los tejidos (SpO2). Supone una estimación de la saturación de oxígeno de la hemoglobina arterial (SatO2). También puede cuantificar la frecuencia cardiaca (FC) y la amplitud del pulso
Es una herramienta cada vez más utilizada en el ámbito en Atención Primaria (AP) para el manejo de la sintomatología respiratoria sea cual sea su origen y en especial en la edad pediátrica. La pulsioximetría proporciona una monitorización instantánea, continua y no invasiva, asequible en AP. No requiere de un entrenamiento especial. Es fácil de usar. Es fiable en el rango de 80-100% de saturación, que es el más interesante en la práctica clínica. Además, informa sobre la frecuencia cardiaca. Existe una gran variedad de artefactos y situaciones que pueden afectar a la correcta lectura del aparato.
Actualmente, la oximetría de pulso se utiliza de forma rutinaria en una amplia gama de entornos clínicos, desde la atención hospitalaria hasta la atención primaria y la monitorización domiciliaria.
Se hace necesaria la descripción de conceptos clave tanto de sus fundamentos técnicos como de utilización para una medición correcta y fiable.
Para la determinación de la SpO2, el pulsioxímetro se sirve de la espectrofotometría. El dispositivo emite luz con dos longitudes de onda: de 640-660 nm (roja), y de 910-940 nm (infrarroja), que son características, respectivamente, de la oxihemoglobina (HbO2) y la hemoglobina reducida (Hb). En cada pulsación de la sangre arterial se transmiten valores lumínicos y se detecta, al mismo tiempo, la frecuencia cardiaca.
La mayor parte de la luz es absorbida, en una cantidad constante, por el tejido conectivo, piel, hueso y sangre venosa, produciéndose un pequeño incremento variable de esta absorción en la sangre arterial con cada latido. Esta cantidad variable de luz absorbida cambia de acuerdo con la cantidad de sangre en el lecho tisular y la presencia de HbO2/Hb. El dispositivo detecta las proporciones relativas de HbO2 y Hb a partir del cociente normalizado de luz transmitida (luz roja/ infrarroja). Cada valor, obtenido de este cociente, está relacionado con un valor concreto de SpO2, que el monitor calcula automáticamente.
Los componentes principales son:
Selección del tipo de sensor y el lugar donde se va a colocar:
En neonatos y lactantes pequeños: en la palma de la mano (figura 1) o en el tobillo/dorso del pie, sujetando la sonda con una cinta adhesiva. (Figura 2)


En situaciones en las que la perfusión distal esté comprometida, puede colocarse en el lóbulo de la oreja. Otros lugares menos frecuentes son la lengua, las alas de la nariz y las mejillas en ámbito sanitario. Si a su vez se monitoriza la presión arterial, es importante no colocar el manguito de presión arterial en el mismo lado que el sensor, ya que se produciría la desaparición de la medición de la pulsioximetría.
Colocación del sensor: el componente emisor debe disponerse enfrentado al fotodiodo detector a ambos lados de un lugar perfundido (pulso arterial), que sea translucido. La distancia idónea entre ellos debe ser de unos 10-15 mm.
Para obtener un buen registro, los diodos emisor y receptor deben colocarse cuidadosamente enfrentados, con el niño tranquilo y obtener una buena señal de la onda del pulso durante al menos 30 segundos (Figura 3)

En algunos dispositivos existe la opción de programar las alarmas para que avisen cuando se sobrepasen los límites superiores e inferiores de SpO2 y FC. Estos límites serán individualizados para cada paciente
Documente el procedimiento en la hoja de cuidados o en el registro electrónico de enfermería.
Los datos que debe incluir son:
Luks y Swenson en su revisión: Pulse Oximetry for Monitoring Patients with COVID-19 at Home. Potential Pitfalls and Practical Guidance, concluyeron que aunque existen preocupaciones con respecto a la precisión de los dispositivos de pulso denominados “de dedo “o para uso domiciliario y los posibles problemas que pueden afectar los resultados medidos, la facilidad de uso y el bajo costo de estos dispositivos, los riesgos de hipoxemia silenciosa, los convierten en una opción razonable para monitorizar pacientes en situaciones de riesgo. No existen diferencias significativas en los resultados mostrados entre los oxímetros de pulso de uso médico y los de pulso de uso domiciliario homologados para el rango de saturación de oxígeno entre 90% a 99%.
Lipnick et al., evaluaron la precisión de 6 modelos de oxímetros de pulso de bajo costo y concluyeron también que el nivel de error en las mediciones aumentaba a partir de niveles de saturación real de oxígeno menores a 90%, y que el nivel de error era mayor para niveles menores de saturación.
La principal indicación de la pulsioximetría es reconocer los estados subclínicos de hipoxemia en pacientes en quienes ésta es más probable.
En el Anexo 2 se contemplan recomendaciones para las familias para utilización de los dispositivos de uso domiciliario en las que se haya indicado.
Hay una serie de patologías y tratamientos que pueden afectar a los resultados de la pulsioximetría en edad pediátrica:
Indicaciones principales: valorar gravedad, tomar en cuenta factores que limitan la medición y registrar el valor en la historia clínica.




Protocolos del GVR (P-GVR-4)
El Pediatra de Atención Primaria y la bronquiolitis
Autor: Grupo de Vías Respiratorias de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.
La bronquiolitis aguda (BA) es la infección del tracto respiratorio inferior más frecuente en el primer año de vida1 y la primera causa de ingreso hospitalario en este grupo de edad2. Es una enfermedad aguda que se caracteriza por inflamación, edema, aumento de moco y necrosis de las células epiteliales de los bronquiolos que da como resultado la obstrucción de la pequeña vía aérea. Por lo general, cursa con tos y dificultad respiratoria acompañadas habitualmente de sibilancias y/o crepitantes, con o sin aumento del trabajo respiratorio, dentro de un proceso catarral de las vías aéreas superiores en un niño menor de 2 años. Su pico de incidencia se sitúa entre los 2 y los 6 meses3. Sin embargo, no hay un consenso universal en su definición y los pacientes diagnosticados de BA constituyen una muestra heterogénea con patrones etiopatogénicos y clínicos diferenciados4.
La causa más frecuente son las infecciones víricas y los distintos virus responsables varían en función de la estación del año y la zona geográfica. El detectado con más frecuencia es el virus respiratorio sincitial (VRS), responsable de entre el 50 y el 80% de las BA, en época epidémica, hasta el 60% de los niños hospitalizados por esta causa son positivos para el VRS2. En el hemisferio norte es más habitual entre noviembre y abril, con un pico en enero-febrero y es posible que la contaminación atmosférica en estos meses, en los que la BA por VRS es más frecuente, incremente su gravedad5. El segundo virus en porcentaje es el rinovirus (RV), que circula todo el año, con mayor incidencia en primavera y otoño, causa hasta el 80% de las BA en otoño. En general, son niños de más edad, que acuden a la guardería, y tienen con más frecuencia dermatitis atópica y antecedentes familiares de asma o atopia que los lactantes con BA por VRS6.
Con la mejoría y el uso más difundido de técnicas diagnósticas como la PCR, el papel de otros virus se conoce mejor. Así, con menor frecuencia son causa de BA: Adenovirus, Metapneumovirus, virus de la gripe A y B, Parainfluenza, Coronavirus (incluyendo SARS-CoV-2), Bocavirus y Enterovirus7,8. Se han descrito coinfecciones hasta en un tercio de las BA7.
Muy ocasionalmente Mycoplasma Pneumonie y Bordetella Pertussis pueden dar lugar a episodios de sibilancias en lactantes3.
Es una enfermedad muy frecuente en todos los niveles asistenciales, sobre todo en época epidémica. En España, la tasa anual de hospitalización se sitúa en torno a 24/1000 menores de 12 meses y los ingresos suponen el 18% de todas las hospitalizaciones pediátricas9. En Atención Primaria (AP), trabajos realizados en Cataluña han encontrado una tasa de nuevos diagnósticos de BA en el primer nivel asistencial de 13,3 por cada 100 lactantes10. Así mismo, estudios epidemiológicos, que incluían los diagnósticos de esta enfermedad en consultas de pediatría de AP en la Comunidad Valenciana, han concluido que aproximadamente un 20% de los niños tienen un episodio de BA por VRS en el primer año de vida, y más del 80% de los mismos son atendidos en estas consultas, generando cada uno de ellos un gran número de visitas, poniendo de manifiesto la elevada presión asistencial que la BA genera en AP11. Por otra parte, recientes estudios sobre calidad de vida en relación con la salud han puesto de manifiesto el elevado impacto que la BA por VRS supone para los niños y sus familiares en España, cifrando en 600 euros el coste medio por paciente y episodio12. Además, alrededor de una tercera parte de los niños con BA presentará episodios recurrentes de sibilancias las semanas o meses posteriores a padecer esta enfermedad1,2,3. Por todo ello, posiblemente no exista ninguna otra enfermedad aguda que tenga un efecto tan importante en la salud de los lactantes y que genere un impacto sanitario, social y económico tan elevado como la BA13.
El diagnóstico de la BA es clínico, basado en los hallazgos de la anamnesis y la exploración física. De acuerdo con los criterios clásicos, es un niño menor de 2 años que comienza con síntomas de infección respiratoria de vías altas, congestión y/o rinorrea y tos, seguidos a los 2-3 días de dificultad respiratoria (taquipnea, tiraje, aleteo nasal) y rechazo de la alimentación, junto con sibilancias y/o crepitantes en la auscultación pulmonar. Puede existir fiebre o febrícula y apneas en los pacientes de menor edad. Su duración total es de 10-15 días con resolución gradual a partir de los 5-7 días1,3. Contribuyen al diagnóstico: presentarse en época epidémica, el antecedente familiar de infección respiratoria previa, ser el primer episodio y descartar otras posibles causas2.
Sin embargo, estos criterios clínicos para el diagnóstico (CD), considerados clásicos, no son universalmente aceptados y varían entre países y guías de práctica clínica (GPC)14. En España, una publicación reciente ha puesto de manifiesto la gran heterogeneidad en los CD de BA entre los pediatras15.
Estas diferencias posiblemente traduzcan que la BA no es una enfermedad única, sino un término utilizado para describir un conjunto de síntomas clínicos que surgen a través de diferentes mecanismos fisiopatológicos. Los subtipos de BA que comparten características observables similares a menudo se etiquetan como fenotipos, y cada uno probablemente se encuentre asociado a un mecanismo fisiopatológico subyacente distinto (endotipo)4.
Pulsioximetría: está indicada para valorar la gravedad al inicio de la clínica y para controlar su evolución. Ha de interpretarse conjuntamente con el estado clínico del paciente y no se aconseja la monitorización continua. Todos los centros de salud deben contar con un pulsioxímetro. No hay consenso entre los expertos y las GPC sobre el nivel de saturación de oxígeno (SatO2) que indica ingreso hospitalario oscilando entre 90-92%. Es necesario valorar también otros parámetros como la edad y las condiciones clínicas subyacentes1.
No se recomienda emplear otras exploraciones complementarias: microbiológicas, radiológicas o analíticas para el diagnóstico de BA de forma rutinaria.
En algunas situaciones puede estar indicado realizar:
Tira reactiva de orina, sedimento y urocultivo: indicados en menores de 2-3 meses con BA y temperatura axilar >39ºC de forma persistente, ya que la infección urinaria es la coinfección más frecuente en los lactantes con BA2,3,7.
En el diagnóstico diferencial de la BA se consideran varias entidades que afectan al tracto respiratorio7:
La aplicación de los CD de BA y la ausencia de clínica previa a la instauración de las sibilancias ayudan a excluir alguna de estas patologías, siendo necesarios estudios complementarios en otras1,3.
Evaluación de la gravedad
Para valorar la gravedad de la BA hay que tener en cuenta la anamnesis, la exploración física, la SatO2, los signos de gravedad de la enfermedad (Tabla 1) y los factores que incrementan el riesgo de enfermedad grave y de complicaciones (Tabla 2).


Las escalas numéricas de gravedad son útiles para la valoración inicial, para el control evolutivo, ya que la clínica de la BA cambia sustancialmente con el tiempo y para evaluar la respuesta al tratamiento. Existen diferentes escalas que combinan signos clínicos y constantes vitales, pero su utilidad es limitada, ya que algunas no han sido validadas y no todas son universalmente aceptadas. Entre ellas, una clásica y ampliamente utilizada es la de Wood-Downes (modificada por Ferrés) que recoge solo parámetros clínicos18, o las más recientes y validadas como la del Hospital Sant Joan de Deu (score BROSJOD)19 y la escala de Tal modificada20 (Tabla 3) que incorporan como parámetro a considerar la SatO2. Cada pediatra debe utilizar aquélla con la que esté más familiarizado.

La valoración se debe realizar siempre después de aspirar las secreciones nasofaríngeas, porque la obstrucción nasal en los lactantes empeora claramente los signos de dificultad respiratoria2 y repetirse en cada visita de control6,7.
El objetivo del tratamiento de la BA es mantener un nivel de hidratación, oxigenación y nutrición suficientes, aliviar el malestar y establecer una vigilancia de la progresión hasta la normalización clínica. Como la mayoría de los casos son leves, el diagnóstico y tratamiento se realiza en AP y en servicios de urgencias. Un pequeño grupo de casos graves requieren ingreso hospitalario y de ellos algunos precisan tratamiento en unidades de cuidados intensivos. Para la revisión del tratamiento hospitalario de la BA grave se remite al lector a la bibliografía recomendada1,2,21.
Para mejorar la adherencia de los profesionales a las recomendaciones se han puesto en marcha iniciativas “No Hacer” que proponen aumentar la calidad y seguridad de la atención al paciente en ambos niveles asistenciales, evitando el exceso de intervenciones diagnósticas y terapéuticas. Han sido lideradas por instituciones sanitarias, sociedades científicas y profesionales con resultados prometedores cuando el esfuerzo de formación y evaluación se mantienen en el tiempo22,23.
Medidas generales y de soporte
Proporcionar información oral y escrita, recomendaciones a los familiares y cuidadores sobre:
No administrar medicamentos y productos de venta libre para la tos y los síntomas catarrales, ni productos homeopáticos o hierbas medicinales porque no tienen beneficios y pueden causar efectos adversos graves.

Programar visitas de control hasta la mejoría clínica, de forma presencial o telefónica según el momento evolutivo y la gravedad. Se proponen revisiones 1-3 días tras el diagnóstico y después cada 3-7 días según la gravedad y los factores de riesgo, hasta la total normalización. Si se producen fiebre, aumento de la dificultad respiratoria o empeoramiento del estado general tras un periodo de mejoría considerar la presencia de coinfecciones como neumonía, otitis media aguda o infección urinaria21.
La mayoría de los niños con BA no van a precisarlo. Recordar:
En situación de hipoxia marcada el tratamiento es hospitalario, mediante oxigenoterapia convencional o de alto flujo (OAF)25. Esta es de elección por ser no invasiva, bien tolerada, reducir el riesgo de intubación y tener menos efectos adversos que la ventilación con presión positiva (CPAP)2.
Desde hace décadas, los múltiples intentos de encontrar medidas eficaces para curar o aliviar la BA han fracasado. Las GPC publicadas en los últimos años1,3 inciden en lo propuesto por la Guía de la Academia Americana de Pediatría26 y por revisiones Cochrane27,28 y son muy claras en sus recomendaciones de evitar tratamientos no basados en la evidencia, que no han demostrado eficacia y tienen efectos adversos. En la tabla 4 se recoge un resumen de las recomendaciones.

No existe total consenso en cuanto a la nebulización de suero salino hipertónico al 3% solo o asociado a broncodilatadores. Dos metaanálisis29,30 recientes hacen valoraciones diferentes: mientras uno propone evitar de forma definitiva su uso, otro, aunque reconoce que los beneficios clínicos son limitados, justifica la realización de nuevos ensayos para obtener conclusiones más sólidas. Su uso quedaría en cualquier caso limitado a los pacientes ingresados.
No se deben recomendar antitusivos, expectorantes, mucolíticos, anticatarrales o antihistamínicos.
Teniendo en cuenta que la BA es una enfermedad heterogénea, con diferentes fenotipos y endotipos que pueden condicionar las manifestaciones clínicas y la respuesta a los fármacos, las actuales recomendaciones genéricas de tratamiento podrían excluir a pacientes potencialmente respondedores a los fármacos broncodilatadores. Por ello algunos autores31 proponen realizar una prueba con salbutamol en pacientes seleccionados con mayor probabilidad de responder en aquellos que presenten alguna de las siguientes características:
En los niños con este perfil, a la espera de una definición más precisa de los candidatos y las pautas de tratamiento, se puede realizar un único ensayo terapéutico con salbutamol 4-6 pulsaciones administrado con cámara espaciadora y mascarilla, reevaluar una hora después y mantener o retirar el fármaco según la respuesta clínica. Si esta es buena se adiestrará a los padres para su administración en el domicilio, cada 4-6 horas, según la demanda y hasta la mejoría, vigilando la evolución mediante revisiones médicas programadas.
El manejo en AP y urgencias extrahospitalarias se resume en el algoritmo 1. Tras la evaluación inicial, los pacientes con BA graves, algunos con BA moderadas y aquellos cuya atención no pueda ser garantizada por sus cuidadores, deben ser derivados al hospital, realizando el traslado adecuado a la situación clínica.
Se sugiere la lectura del protocolo de traslado de la BA grave del Grupo Interdisciplinar de Emergencias Pediátricas32 (GIDEP), accesible en: https://www.osakidetza.euskadi.eus/contenidos/informacion/gidep_epdt/es_def/adjuntos/gidep_bronquiolitis.pdf
A continuación proponemos un algoritmo de manejo de la bronquiolitis aguda en Atención Primaria.

La BA se resuelve sin complicaciones ni secuelas en la mayoría de los lactantes sanos. Hay que recordar que:
Tras la BA no se recomienda iniciar ningún tratamiento preventivo de los posibles episodios posteriores de sibilancias post bronquiolitis. Para ampliar la información sobre las sibilancias recurrentes se recomienda la lectura del Protocolo del GVR33 disponible en: https://www.respirar.org/images/pdf/grupovias/Nino_menor_de_3_anos_con_sibilancias_recurrentes_Def.pdf
Las medidas de prevención primaria para reducir el riesgo de BA y de otras infecciones virales respiratorias son:
La inmunoprofilaxis con Palivizumab, (IgG monoclonal frente al VRS), reduce la tasa de hospitalización por enfermedad grave por VSR, pero no la estancia hospitalaria, la necesidad de oxigenoterapia ni la mortalidad en niños de alto riesgo. No interfiere con el calendario vacunal, por lo que se puede administrar según las pautas recomendadas. Por su elevado coste y limitaciones en su eficacia y forma de administración su uso está muy restringido. Las indicaciones de la Sociedad Española de Neonatología34 se detallan en la tabla 5.

Abreviaturas: EG: edad gestacional; VRS: virus sincitial respiratorio; DB: displasia broncopulmonar
Por el enorme impacto que provoca cada año la BA en lactantes, familias y sistemas sanitarios en términos de morbilidad, mortalidad y costes, existen múltiples iniciativas en desarrollo para prevenirla y tratarla de forma eficaz mediante tratamientos antivirales o nuevos anticuerpos monoclonales. Están en marcha decenas de ensayos en fase preclínica y clínica de vacunas en los que varían el tipo de plataforma y la población diana.
Para más información se recomienda consultar el Manual de vacunas de la AEP35 en: https://vacunasaep.org/documentos/manual/cap-49.
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Resumen del Protocolo Tabaquismo en Pediatría de Atención Primaria del Grupo de Vías Respiratorias de la AEPap
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