Autor: Grupo de Vías Respiratorias de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.
Redactores: Alberto Bercedo Sanz; Olga Cortés Rico; César García Vera; José Luis Montón Álvarez.
Revisión por pares: Manuel Praena Crespo; María Teresa Guerra Pérez; Inmaculada Correa Ruíz; José Antonio Castillo Laita; Jessica Belles Miralles; Isabel Mora Gandarillas; Águeda García Merino; Carmen Rosa Rodríguez Fernández Oliva; María Gimena Hernández Pombo; María Cinta Valldepérez Baiges; Enrique Llerena Santacruz; Pilar Ortiz Ros; María Ángeles Carrasco Azcona; María Camino Serrano; Lidia Martínez Virumbrales; Maite Asensi Monzó; Isabel Reig Rincón de Arellano; Juan Carlos Juliá Benito; Mª Isabel Úbeda Sansano.
Fecha de publicación: 20 de septiembre de 2025
Cómo citar este protocolo: Bercedo Sanz A, Cortés Rico O, García Vera C, Montón Álvarez JL. Faringoamigdalitis aguda en Pediatría. Protocolos del GVR (publicación P-GVR-10) [consultado día/mes/año]. Disponible en: www.aepap.org/gvr/protocolos.htm
Introducción
La faringoamigdalitis o faringitis aguda (FA) es un proceso inflamatorio de la mucosa y estructuras faringoamigdalares, con presencia de eritema, edema, exudado, úlceras o vesículas.
La FA por Streptococcus pyogenes o estreptococo betahemolítico del grupo A (SGA) (FAS) es uno de los diagnósticos más frecuentes en pediatría de atención primaria (AP)...
Clínica y evolución
Los datos epidemiológicos, la edad y la época del año, junto con los aspectos clínicos (Tabla 1), pueden orientar hacia una etiología vírica o bacteriana (estreptocócica).
Si bien en la gran mayoría de ocasiones la FAS en niños sanos evoluciona como una infección autolimitada en el tiempo, pueden ocurrir dos tipos de complicaciones:
Complicaciones supurativas
Complicaciones supurativas (1-2%): otitis media, sinusitis aguda, absceso periamigdalino, mastoiditis y excepcionalmente absceso retrofaríngeo, adenitis cervical supurada, neumonía estreptocócica, infección metastásica (absceso cerebral, endocarditis, meningitis, osteomielitis o absceso hepático), síndrome de shock tóxico estreptocócico y síndrome de Lemierre.
Se ha descrito una incidencia de infecciones invasivas por SGA en nuestro país de 2,1/100.000 niños/año siendo más frecuentes en niños de menor edad (media de 3,3 años).
En los últimos años postpandemia se ha detectado un incremento de las infecciones invasivas por SGA en frecuencia y gravedad coincidente con el aumento de neumonías y coinfecciones virales-bacterianas.
Complicaciones no supurativas
Las complicaciones no supurativas son raras en países desarrollados (la fiebre reumática y su cardiopatía reumática como principal complicación tiene una tasa de incidencia de 7,2 casos/100.000 personas en países de ingresos altos), pero representan un problema de salud relevante en países en vías de desarrollo.
En África subsahariana, sur de Asia y otros países, la fiebre reumática aparece como complicación de las FAS en el 0,3-3% de los casos y con una tasa de incidencia de cardiopatía reumática que asciende a 70 casos/100.000 personas, incrementándose en los últimos años.
Otras complicaciones no supurativas pueden ser la glomerulonefritis postestreptocócica, la artritis reactiva, el eritema nodoso, la púrpura anafilactoide y el síndrome PANDAS (síndrome neuropsiquiátrico autoinmune asociado a infección por estreptococo en la edad pediátrica).
Otra forma de presentación de la infección faríngea por SGA es la escarlatina, debida a cepas productoras de toxinas eritrogénicas, que cursa con exantema micropapuloso más llamativo en los pliegues (signo de Pastia), lengua aframbuesada y descamación durante el periodo de convalecencia.
Para identificar clínicamente a los pacientes con sospecha de FAS y susceptibles de iniciar tratamiento antibiótico, se han utilizado escalas de predicción clínica como la de Centor, la modificada con la edad por McIsaac o la de FeverPAIN.
Sin embargo, a pesar de que la probabilidad de FAS aumenta con la mayor puntuación de estas escalas, la incidencia de infección estreptocócica con 3 o más puntos varía entre el 28-65%.
Además, estas escalas no valoran la presencia de uvulitis o escarlatina, por lo que su uso para el diagnóstico de FAS no es útil. Su principal utilidad reside en ayudar a seleccionar los candidatos a realizar pruebas de diagnóstico microbiológico, fundamentalmente en aquellos con 3 o más puntos.
Diagnóstico
El diagnóstico microbiológico en los niños con FAS se puede realizar a través del cultivo faríngeo y el test de detección rápida de antígeno de estreptococo (TDRA).
Existen otras pruebas de diagnóstico molecular como la PCR, pero no son de uso rutinario por su precio y falta de disponibilidad en la práctica clínica diaria.
Ninguno de los métodos distingue la infección aguda del estado de portador con una faringitis viral intercurrente.
La FAS puede confirmarse por el nivel de anticuerpos antiestreptocócicos (ASLO), pero no es útil para el diagnóstico agudo debido al retraso en la respuesta inmunológica.
El cultivo faríngeo es la prueba diagnóstica de referencia. Para una correcta técnica debe recogerse el exudado de ambas amígdalas y pilares posteriores evitando otras zonas de la orofaringe.
En condiciones ideales, la sensibilidad del cultivo es del 90-95% y la especificidad cercana al 99%.
El TDRA detecta únicamente la presencia de SGA. Un resultado negativo no descarta otras etiologías bacterianas menos frecuentes.
Un TDRA positivo no requiere confirmación con cultivo. En caso de TDRA negativo, no suele ser necesario realizar cultivo posterior salvo en situaciones de alta sospecha clínica.
En Atención Primaria, la utilización del TDRA ha demostrado una reducción del 25-42% en la prescripción antibiótica.
Indicaciones del TDRA y/o cultivo faríngeo
Niños mayores de 3 años (o mayores de 2 años con asistencia escolar o hermanos mayores) con síntomas clínicos sugerentes de FAS y ausencia de sintomatología vírica.
Niños con clínica sugerente de FAS y contacto con casos confirmados en familia o colegio.
Niños menores de 3 años muy sintomáticos con exposición a contactos con infección por SGA.
Niños con sospecha de fiebre reumática, glomerulonefritis postestreptocócica o inicio agudo de trastorno obsesivo-compulsivo (PANDAS).
Tratamiento de la faringoamigdalitis
Las recomendaciones actuales de la mayoría de las guías de práctica clínica y revisiones sistemáticas solo recomiendan el tratamiento antibiótico en las FA en caso de que exista confirmación objetiva de que son estreptocócicas mediante TDRA o cultivo faríngeo.
En caso de no disponibilidad de TDRA, o en algunos casos muy sintomáticos con sospecha clínica elevada ante un resultado negativo, se recomienda obtener cultivo y valorar iniciar tratamiento antibiótico a la espera de los resultados.
Los objetivos del tratamiento antibiótico son reducir la duración de la enfermedad, disminuir el tiempo de contagio y prevenir las complicaciones supurativas y no supurativas como la fiebre reumática.
Se ha demostrado que a las 24 horas del inicio del tratamiento antibiótico desaparece el riesgo de contagio, mientras que sin tratamiento puede persistir hasta un mínimo de 7 días.
Los antibióticos de elección para el tratamiento de la FAS son la penicilina V o la amoxicilina por vía oral.
Existe unanimidad en que la duración del tratamiento debe ser de 10 días para erradicar el estreptococo, especialmente en casos de FAS de repetición, brotes de escarlatina, hipertrofia amigdalar severa, convivencia con enfermos con fiebre reumática o pacientes inmunodeprimidos.
No obstante, pautas más cortas de 5-7 días son suficientes para conseguir la resolución clínica, evitar la fiebre reumática, reducir resistencias antimicrobianas y minimizar efectos adversos.
Antibióticos de primera elección
La penicilina es el antibiótico más recomendado por su eficacia, seguridad, bajo coste y espectro reducido, sin haberse descrito resistencias del SGA.
La amoxicilina en pauta de 10 días a 50 mg/kg/día es equivalente o incluso superior en eficacia clínica y bacteriológica, especialmente en niños, por su mejor tolerancia y absorción gastrointestinal.
Tratamiento en caso de alergia a penicilina
En caso de reacción alérgica inmediata o grave se recomienda el uso de macrólidos o clindamicina.
Si la reacción fue tardía y no grave, se recomienda el uso de cefalosporinas orales como cefadroxilo o cefuroxima.
Dado que el SGA no produce ß-lactamasas, la asociación de ácido clavulánico a la amoxicilina no añade eficacia y aumenta el riesgo de hepatotoxicidad.
Seguimiento y estado de portador
No es necesario repetir el estudio microbiológico tras finalizar el tratamiento si el paciente está asintomático, salvo en situaciones de riesgo específicas.
En algunos casos puede persistir el estado de portador asintomático. El tratamiento solo estaría indicado en situaciones concretas como antecedentes de fiebre reumática, brotes intrafamiliares o institucionales o antes de una amigdalectomía.
Conclusiones y puntos clave en la consulta de Pediatría
La FAS continúa siendo una de las infecciones bacterianas más frecuentes en niños y adolescentes, aunque sus complicaciones son excepcionales en países desarrollados.
El tratamiento antibiótico de las FA está indicado únicamente cuando existe confirmación objetiva de etiología estreptocócica mediante TDRA o cultivo faríngeo.
En ausencia de TDRA o ante alta sospecha clínica con resultado negativo, se recomienda obtener cultivo y valorar tratamiento antibiótico.
Un TDRA positivo no requiere confirmación con cultivo; un TDRA negativo no excluye la infección si la técnica ha sido correcta.
La disponibilidad generalizada de TDRA en Atención Primaria y urgencias pediátricas es fundamental por su rapidez, fiabilidad y reducción del uso innecesario de antibióticos.
Los antibióticos recomendados son penicilina V o amoxicilina por vía oral, con una duración habitual de 10 días, aunque pautas más cortas pueden ser suficientes en determinados casos.
El tratamiento antibiótico reduce la duración de la enfermedad, el tiempo de contagio y previene complicaciones supurativas y fiebre reumática.
En caso de alergia inmediata a penicilina se recomiendan macrólidos o clindamicina; si la reacción fue tardía y no grave, cefalosporinas orales.
La asociación de amoxicilina con ácido clavulánico no aporta beneficio en la FAS y aumenta el riesgo de efectos adversos.
Tablas
Figura 1. Algoritmo del manejo de la faringoamigdalitis.
TDRA: Test de detección rápida de antígeno de estreptococo. FAS: Faringoamigdalitis estreptocócica.
*En niños menores de 3 años con clínica compatible con FAS y 3 ptos-Criterios McIsaac.
** Si no disponibilidad del TDRA o el resultado del cultivo faríngeo tarda >48 horas o TDRA negativo en mayores de 3 años y alta sospecha de FAS (4-5 puntos McIsaac) puede valorarse iniciar el tratamiento antibiótico hasta resultados del cultivo. ***La dosis recomendada de penicilina V según guía NICE4 es de 125 mg/12 horas (1-11 meses), 250 mg/12 horas (1-5 años), 500mg/12 horas (6-11 años) y 1000 mg/12 horas (12-17 años y adultos).
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Autor: Grupo de Vías Respiratorias de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.
Redactores: Carmen Rosa Rodríguez Fernández-Oliva (Canarias), Maite Asensi Monzó (Valencia).
Revisión por pares
Manuel Praena Crespo (Andalucía), Isabel Mora Gandarillas (Asturias), Águeda García Merino (Asturias), Jose Antonio Castillo Laita (Aragón), María Isabel Ubeda Sansano (Valencia), Maite Asensi Monzó (Valencia), Juan Carlos Julia Benito (Valencia), Alberto Bercedo Sanz (Cantabria), Gimena Hernández Pombo (Cataluña), María Ángeles Carrasco Azcona (Madrid), María Teresa Guerra Pérez (Andalucia), María Camino Serrano (Madrid), Jessica Belles Miralles (Aragón).
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Este documento está dirigido a profesionales sanitarios y no a público general.
La tos es el síntoma de consulta más frecuente en las consultas de pediatría en Atención Primaria (PAP). La mayoría de los niños que tosen son niños sanos con enfermedades agudas, pero en una proporción baja pueden padecer enfermedades graves que pongan en peligro su vida, y que precisen de intervención precoz. Diferenciar a qué grupo pertenece cada niño que tose es un reto al que nos enfrentamos cada día.
Una tos efectiva es esencial para mantener la salud del aparato respiratorio. Es en muchas ocasiones un síntoma minusvalorado por los profesionales, pero que produce un importante estrés familiar y una considerable preocupación en los padres.
La tos es un mecanismo reflejo por estimulación de los receptores del tracto respiratorio. Estos receptores se activan por estímulos irritantes o mecánicos, como el exceso de secreciones, material aspirado, partículas de polvo inhalado o gases nocivos. La respuesta inflamatoria propia de las infecciones o de los procesos alérgicos también provocará el estímulo de dichos receptores.
Definición
La tos crónica en los niños se define como la tos diaria que dura 4 o más semanas. Esta definición está basada en consenso de expertos y se expresa en las guías internacionales y en los protocolos de las sociedades nacionales.
La tos debida a la mayoría de las infecciones agudas se ha resuelto en ese intervalo y la posibilidad de que exista una enfermedad pulmonar grave y potencialmente progresiva es alta en niños con tos de más de 4 semanas de duración.
Los estudios epidemiológicos de la tos en los niños presentan dificultades, ya que hay una disparidad en la definición de las variables utilizadas para evaluarla (cronicidad, gravedad) y por la tendencia de la tos a la resolución espontánea. A pesar de estas limitaciones, la tos crónica tiene una prevalencia estimada del 5–7% en niños en edad preescolar y del 12–15% en los niños de más edad.
Evaluación
Es imprescindible la anamnesis para identificar correctamente cuándo estamos ante una tos crónica. La historia clínica debe valorar tiempo y evolución, tipo de tos, ritmo horario, factores agravantes y desencadenantes, y calidad de la tos (seca o productiva).
La presencia de tos húmeda tras 3 semanas de evolución es uno de los signos clínicos más sensibles para encontrar una causa específica de tos. Es importante evaluar si en el paciente existen causas predisponentes a determinados diagnósticos.
Hay tres preguntas clave al inicio de la evaluación en un paciente con tos crónica:
¿Padece el niño una enfermedad grave pulmonar o sistémica que requiera más investigaciones o derivarlo a otro nivel asistencial?
¿Tiene indicado algún tratamiento?
¿Hay algún factor modificable que exacerba la tos, como la exposición al tabaco o a alérgenos? ¿Qué impacto tiene la tos en el niño y la familia y cuáles son las expectativas de esta en cuanto al tratamiento y seguimiento?
Contestar estas cuestiones necesita de una sistemática de actuación que es distinta en los niños que en los adultos. Existen evidencias de que el uso de algoritmos específicos para los niños permite un diagnóstico más temprano en los niños con tos crónica.
En la práctica, resulta útil clasificar la tos crónica en específica e inespecífica.
Tos específica
El término de tos específica se utiliza para aquellos tipos de tos que, asociada a signos y síntomas determinados, orientan hacia una patología concreta que en muchos casos necesita de un estudio complementario como la radiografía de tórax, espirometría, pruebas microbiológicas, pruebas alérgicas, estudios digestivos, TACAR, etc.
En este grupo se incluirían los diagnósticos descritos en la Tabla 1. En presencia de tos productiva, radiografía de tórax patológica o una espirometría alterada, la posibilidad de tener una causa específica es alta y obliga a realizar más estudios complementarios para llegar al diagnóstico.
Son factores importantes a considerar: la edad del niño (cuanto más precoz el comienzo de la tos, mayor probabilidad de patología subyacente) y el contexto epidemiológico y social del niño, que puede situarlo en una situación de mayor riesgo infeccioso.
Tos inespecífica
El término tos inespecífica se utiliza para aquellos casos de niños con tos seca aislada, actividad normal y buen estado general en los que no se observan otros signos y síntomas de enfermedad y en los que la radiografía de tórax y la espirometría son normales.
Evaluación diagnóstica de la tos crónica
Cuando se evalúa un niño con tos crónica, el objetivo clave es decidir si se puede hacer un diagnóstico fácilmente o si es necesario emprender estudios adicionales para llegar al diagnóstico o descartar otras enfermedades más graves.
Signos de alarma
Son signos de alarma:
Disnea (en reposo o con esfuerzo).
Episodios recurrentes de tos crónica, húmeda o productiva.
Neumonía recurrente.
Dolor torácico.
Hemoptisis.
Síntomas sistémicos: fiebre, pérdida de peso, retraso del crecimiento.
Anomalía del neurodesarrollo.
Dificultades para alimentarse (incluyendo atragantamiento/vómitos).
Estridor y otros ruidos respiratorios.
Examen clínico respiratorio anormal (p. ej., crepitaciones, dedos en palillo de tambor).
El diagnóstico se basa en una buena historia clínica, una exploración física y los exámenes complementarios apropiados. Estos se harán siguiendo una secuencia lógica desde las causas más frecuentes a las de menor frecuencia.
Anamnesis
Debe ser minuciosa e incluir, entre otras, las siguientes preguntas:
¿Cómo y cuándo empezó la tos?
¿Cuál es la naturaleza y calidad de la tos?
¿Es la tos el único síntoma o se acompaña de otros como pérdida de peso, estridor, fiebre, etc.?
¿Qué desencadena la tos?
¿Hay historia familiar de síntomas, trastornos respiratorios o atopia?
¿Ha tomado algún fármaco para aliviar la tos? ¿Qué efectos ha tenido?
¿Desaparece la tos cuando duerme? (sugiere tos psicógena o hábito tusígeno).
¿Fuma cigarrillos o está expuesto a ambiente tabáquico u otras sustancias que polucionan el aire que respira el niño?
¿Ha tenido el niño episodios previos de tos prolongada, ingresos hospitalarios por esa causa o algún problema previo con el que los padres relacionen la tos?Exploración física
La exploración permite evaluar la presencia de signos que orienten a una enfermedad crónica subyacente. La evaluación del crecimiento en ese momento y su evolución con respecto a los datos previos es imprescindible, ya que si está alterada es un dato de alarma de enfermedad grave.
La vía aérea superior con signos de obstrucción nasal, la hipertrofia amigdalar o el saludo alérgico, así como la dermatitis atópica en la piel, pueden orientar hacia una causa alérgica o asma.
Un tórax hiperinsuflado o "en barril" suele ser secundario a una neumopatía crónica grave, y la auscultación cardiopulmonar (asimétrica, ruidos patológicos) orienta a enfermedad pulmonar.
La presencia de edemas en las piernas sugiere enfermedad cardiaca y la acrocianosis y los dedos en "palillo de tambor" orientan a bronquiectasias o enfermedad pulmonar intersticial.
Exploraciones complementarias
Es aconsejable la realización de una radiografía de tórax y una espirometría en la evaluación inicial.
Una radiografía de tórax anormal indica una tos específica, aunque una radiografía normal no la excluye. En alguna ocasión puede dar el diagnóstico u orientar para pruebas posteriores.
La espirometría debe realizarse en niños colaboradores. Suele ser posible a partir de los 6 años en Atención Primaria. Aporta información sobre la capacidad pulmonar y la obstrucción de la vía aérea y su reversibilidad mediante la prueba broncodilatadora. La espirometría con patrón obstructivo indica enfermedad obstructiva de la vía aérea (asma o enfermedad supurativa pulmonar) y la espirometría con patrón restrictivo orienta a enfermedad intersticial. Es imprescindible asegurar una buena técnica.
Las pruebas para el diagnóstico de sensibilización a aeroalérgenos pueden completar el estudio de un problema relacionado con la alergia (rinitis o asma). La obtención de esputo para cultivo, PCR o la prueba de Mantoux pueden realizarse si la historia clínica o la exploración lo orientan.
En ocasiones pueden ser necesarios otros estudios: tomografía computarizada de alta resolución (TACAR) torácica, broncoscopia, test de sudor, inmunoglobulinas y otras, siguiendo algoritmos de decisión en función de las características de la tos y del paciente, incluida la derivación al neumólogo pediátrico.
Tratamiento
El tratamiento de la tos crónica debe ir dirigido a la causa de esta.
Cuando la anamnesis no orienta, y la exploración física, la radiografía de tórax y la espirometría son normales, las guías aconsejan, en base a los diagnósticos más probables (asma y bronquitis bacteriana persistente), iniciar un ensayo terapéutico.
Tras valorar si es una tos esperada o dentro de límites y frecuencia normal, en la tos prolongada podemos considerar dos grandes grupos:
Tos específica: secundaria a procesos fisiopatológicos pulmonares y también extrapulmonares.
Tos inespecífica: sin una causa aparente tras una valoración inicial.
Asma
La mayoría de los estudios demuestran que es poco probable que la tos seca sea el único síntoma de asma si no existen otros signos de atopia. A pesar de ello, en caso de que un niño menor de 14 años presente tos seca con normalidad de las exploraciones complementarias, las guías aconsejan un ensayo con corticoides inhalados a dosis medias (por ejemplo, budesónida 200 mcg/12 h) durante 4 semanas.
Una respuesta positiva apoya, pero no confirma el diagnóstico, ya que una tos de causa inespecífica tiende también a resolverse con el tiempo. Por ello debe reevaluarse, suspender el tratamiento y proseguir el estudio para confirmar el diagnóstico de asma.
Bronquitis bacteriana persistente
La bronquitis bacteriana persistente (BBP) se definió inicialmente por la presencia de tos húmeda de más de 3 semanas de evolución, aislamiento del patógeno en el cultivo de una muestra de lavado broncoalveolar (LBA) y desaparición de la tos tras tratamiento con amoxicilina y ácido clavulánico durante dos semanas. Posteriormente se propuso la BBP clínica, sustituyendo el criterio de aislamiento del patógeno por la ausencia de otras causas de tos húmeda.
La BBP se produce por una infección crónica de la vía aérea, probablemente secundaria a alteraciones en el aclaramiento mucociliar y a un aumento de la respuesta inmune innata pulmonar, desencadenando una intensa inflamación con neutrofilia e hipersecreción mucosa.
La BBP afecta principalmente a niños pequeños, habitualmente con un buen estado general, crecimiento adecuado y sin signos de enfermedad sistémica o crónica pulmonar. El síntoma principal es la tos húmeda crónica (al menos durante 4 semanas) que se produce sobre todo al acostarse por la noche y al levantarse por la mañana, pudiendo acentuarse durante el ejercicio físico.
El principal objetivo del tratamiento es la erradicación de la infección bacteriana que permita la regeneración del revestimiento epitelial. La creación de biofilms dificulta la llegada del antibiótico, por lo que se han propuesto tratamientos prolongados de hasta 4–6 semanas. En la consulta de Atención Primaria parece razonable dar inicialmente un ciclo de 2 semanas y valorar la respuesta antes de prolongar más el antibiótico.
Ante sospecha de BBP debería instaurarse un tratamiento antibiótico de al menos 2 semanas basado en la etiología infecciosa más probable, el patrón de resistencias locales y la tolerancia del niño a los diferentes antibióticos.
Teniendo en cuenta los aislamientos de los cultivos de LBA (cepas no tipables de Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae y Moraxella catarrhalis), el antibiótico más apropiado de forma empírica es la amoxicilina-ácido clavulánico. No hay acuerdo en las dosis a utilizar (50–90 mg/kg/día), aunque las dosis altas se consideran más adecuadas en medios con elevadas resistencias locales.
El desarrollo de la BBP podría tener su origen en una agresión inicial, en ocasiones una infección respiratoria de origen vírico, que desestructuraría el epitelio bronquial, alterando la función ciliar y dando lugar a un estado inflamatorio crónico con formación de biofilms bacterianos que facilitan la adhesión bacteriana y dificultan la penetración antibiótica.
La relación entre BBP y bronquiectasia resalta la importancia de un seguimiento continuo y la necesidad de investigaciones adicionales en casos de sospecha clínica.
Goteo postnasal y rinosinusitis alérgica
En la edad preescolar, el goteo postnasal se debe con frecuencia a infecciones de repetición por hipertrofia adenoamigdalar u otitis seromucosa. En los escolares, la presencia de rinitis persistente y/o hipertrofia de cornetes debe hacer pensar en atopia, y la presencia de pólipos nasales obliga a descartar fibrosis quística.
Es aconsejable realizar un tratamiento de prueba con corticoides nasales, antihistamínicos y evitación de alérgenos si coexiste rinitis alérgica y tos crónica típica de aclaramiento.
Algunas infecciones específicas, sobre todo la tosferina (Bordetella pertussis) y la tuberculosis, pueden ser responsables de la tos crónica.
La presencia de una tos paroxística, repetida, en salvas y seguida de gallo inspiratorio hará sospechar tosferina incluso en un niño bien vacunado, y podrá iniciarse un tratamiento empírico con macrólidos.
La tos crónica en ambientes con adultos o ancianos tosedores o hacinamiento en las viviendas obliga a realizar una prueba de Mantoux para descartar tuberculosis.
Enfermedad por reflujo gastroesofágico
Aunque en los adultos una de las causas más frecuentes de tos crónica es el reflujo gastroesofágico, en la edad pediátrica es aconsejable demostrar la relación entre el reflujo y la tos crónica mediante pruebas complementarias específicas como la pHmetría de 24 horas, impedancia o tránsito digestivo superior, entre otras.
El tratamiento específico del reflujo asociado a tos crónica debe considerarse tras realizar el estudio complementario dirigido ante la sospecha clínica.
Tos crónica inespecífica
En los casos de tos seca aislada, con actividad normal del niño y buen estado general, en los que no se observan otros signos y síntomas de enfermedad y en los que la radiografía de tórax y la espirometría son normales, hablamos de tos inespecífica. Inicialmente no se requieren más exploraciones; la conducta será observar si desaparece gradualmente la tos y reevaluar en caso contrario en un periodo de 2 semanas.
Algunos de los cuadros que explican este tipo de tos incluyen la tos postinfección viral prolongada o recurrente, el aumento de la sensibilidad de los receptores de la tos y algunos trastornos funcionales como la tos psicógena o el hábito tusígeno, que se sospecha ante una tos abigarrada y disruptiva que desaparece durante el sueño nocturno. El diagnóstico de tos psicógena siempre debe ser un diagnóstico de exclusión.
La exposición a irritantes como el humo de tabaco o la contaminación ambiental también pueden ser causa de tos crónica y deben ser investigadas.
La tos crónica causa un importante estrés en las familias y origina en ocasiones múltiples consultas sucesivas y un importante consumo de fármacos que no han demostrado ser eficaces pero que pueden producir efectos secundarios. Debemos discutir con los padres la evolución esperada y el excelente pronóstico de la tos crónica inespecífica en los niños, con el fin de minimizar esta preocupación.
Algoritmo de decisión que diferencia entre tos específica e inespecífica, integrando signos de alarma, características de la tos, exploración física, radiografía de tórax y espirometría, y proponiendo ensayos terapéuticos con corticoides inhalados o amoxicilina-ácido clavulánico según la sospecha de asma o bronquitis bacteriana persistente, así como la necesidad de reevaluación y derivación.
Nota: la dosis de amoxicilina-ácido clavulánico está en revisión, según se explica en el texto.
Control evolutivo
El tratamiento de la tos inespecífica contempla en primer lugar la observación y evaluación periódica durante un tiempo prudencial de la aparición de nuevos signos y síntomas que apunten hacia una enfermedad crónica subyacente.
Tras un periodo de vigilancia, si la tos persiste y no hay datos en la historia clínica ni en la exploración que orienten a la causa de la tos, deben seguirse los algoritmos diagnóstico-terapéuticos específicos para niños y valorar, si no se tiene éxito, la derivación al neumólogo de referencia.
Se debe explicar a las familias el buen pronóstico de la tos y advertir que los antitusivos, así como los mucolíticos, solos o asociados a antihistamínicos, no han demostrado ser útiles y pueden producir efectos secundarios en los niños preescolares.
Hay evidencia de que el humo del tabaco aumenta la tos crónica en niños, por lo que se debe aconsejar a los padres en este sentido e informarles sobre los programas de deshabituación tabáquica.
No hay estudios sobre la homeopatía, acupuntura y hierbas chinas en la tos. No hay evidencia sobre el uso de humidificadores, vaporizadores, ionizadores y filtros, por lo que no están recomendados.
PUNTOS CLAVE
La tos es un mecanismo de defensa que contribuye a mantener la salud de las vías respiratorias. Acompaña a la mayoría de las infecciones respiratorias autolimitadas con una duración inferior a las 2 semanas.
Las causas de tos crónica en los niños son distintas a las de los adultos. Se debe seguir un algoritmo específico para el diagnóstico y tratamiento en la infancia.
El comienzo en época neonatal o en los primeros meses es un signo de alarma y obliga a descartar anomalías congénitas.
El comienzo brusco, sobre todo en lactantes y preescolares, debe hacernos sospechar la aspiración de un cuerpo extraño.
La asociación de tos crónica, alteración del crecimiento, deterioro del estado general o infecciones de repetición de curso tórpido orienta a una causa específica de la tos.
Ante tos crónica, sin datos en la anamnesis que nos orienten y con normalidad en la exploración física, hay que realizar al menos una radiografía de tórax y una espirometría en niños colaboradores.
Si la exploración física y el estudio (radiografía de tórax y espirometría) son normales y la tos es húmeda o productiva, la etiología más probable es la bronquitis bacteriana persistente.
Si la exploración física y el estudio (radiografía de tórax y espirometría) son normales y la tos es seca o no productiva, la etiología más probable es el asma.
En el caso de que los tratamientos empíricos no obtengan resultado, debemos replantear de nuevo el estudio para evaluar otras causas, incluida la tos psicógena.
Los pediatras debemos explicar a las familias la importancia de no usar mucolíticos y antitusígenos. Estos no han demostrado eficacia para el tratamiento de la tos y pueden tener efectos secundarios de importancia.
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Pilar Ortiz Ros (Madrid), Manuel Praena Crespo (Andalucía), Alberto Bercedo Sanz (Cantabria), Isabel Reig Rincón de Arellano (Valencia), Carmen Rosa Rodríguez Fernández-Oliva (Canarias), Mª Isabel Úbeda Sansano (Valencia), Mª Teresa Guerra Pérez (Andalucía), María Ángeles Carrasco Azcona (Madrid), Águeda García Merino. CS Vallobín. (Oviedo), Isabel Mora Gandarillas (Oviedo), Juan Carlos Juliá Benito (Valencia), José Antonio Castillo Laita (Aragón).
Los conocimientos científicos en que se basa el ejercicio de la medicina son constantemente modificados y ampliados por la investigación. Los textos médicos con frecuencia se ven pronto superados por el desarrollo científico. Los autores y editores de este documento han procurado en todo momento que lo que aquí se publica esté de acuerdo con los más exigentes principios aceptados hoy día para la práctica médica. Sin embargo, siempre cabe la posibilidad de que se hayan producido errores humanos al presentar la información. Además, avances en los conocimientos científicos pueden hacer que esa información se vuelva incorrecta algún tiempo después. Por estos motivos, ni los autores, editores, u otras personas o colectivos implicados en la edición del presente documento pueden garantizar la exactitud de todo el contenido de la obra, ni son responsables de los errores o los resultados que se deriven del uso que otras personas hagan de lo que aquí se publica. Los editores recomiendan vivamente que esta información sea contrastada con otras fuentes consideradas fiables. Especialmente en lo relativo a la dosificación e indicaciones de los fármacos, se aconseja a los lectores que lean la ficha técnica de los medicamentos que usen, para asegurar que la información que se proporciona en este documento es correcta. Este documento está dirigido a profesionales sanitarios y no a público general.
El asma1-6 es un síndrome que afecta a las vías respiratorias distales consecuencia de la compleja interacción entre la inflamación crónica y la hiperreactividad bronquial que se manifiesta como una obstrucción variable del flujo de aire.
Su diagnóstico en la infancia es fundamentalmente clínico2 y se basa en la presencia de síntomas respiratorios (tos, sibilantes, disnea o/y opresión torácica) episódicos o persistentes, que pueden exacerbar dando lugar a crisis asmáticas (debido a factores desencadenantes como el ejercicio, infecciones virales, la exposición a alérgenos y al tabaco).
En los lactantes y preescolares se realiza el diagnóstico ante el antecedente de episodios de sibilantes recurrentes y/o tos persistentes en una situación donde el asma es muy probable y en la que se ha descartado otras causas menos frecuentes.
Ante la incertidumbre diagnóstica y con el fin de obviar el término de asma, que estigmatiza con cronicidad, se han empleado un amplio abanico de etiquetas como: broncoespasmo, hiperreactividad bronquial, bronquitis sibilante o sibilante feliz. Esto suele ser una fuente de confusión para los médicos, los científicos y las familias de los pacientes que tratamos. Son expresiones que hoy en día no se recomienda utilizar.
La definición correcta de la enfermedad es clave para decidir el abordaje y tratamiento. Por esta razón, desde hace varios años, múltiples sociedades científicas y expertos en el tema9 abogan por utilizar el término "asma" ante un conjunto de síntomas (tos, sibilancias, disnea) que se presentan como episodios agudos, independientemente de la fisiopatología subyacente.
Además cuanto menor es la edad del niño, mayor es la probabilidad de encontrarnos con otras entidades diferentes al asma y, aun descartando estas patologías, la mayoría de los lactantes y preescolares se corresponderá con el fenotipo de sibilantes desencadenados exclusivamente por infecciones víricas, que desaparecerán en la edad escolar9.
JUSTIFICACIÓN
El asma constituye la primera causa de enfermedad crónica en la infancia y limita la calidad de vida de un elevado número de niños y sus familias. Es un problema mayor de salud pública, que representa una enorme carga para la familia y la sociedad, con una amplia repercusión sobre la asistencia sanitaria, que genera visitas a Atención Primaria (AP), a los Servicios de Urgencias e ingresos hospitalarios10.
La prevalencia de asma activa en España, según los datos obtenidos del estudio ISAAC11, es de un 9% en los niños de 13-14 años y del 10% en los niños de 6-7 años. Esta prevalencia ha permanecido constante entre 1994 y 2002 en los niños mayores, mientras que ha aumentado (de 7% a 10%) en los niños de 6-7 años, hecho que no se ha observado en otros países12, existiendo una mayor prevalencia de asma en las zonas costeras que en las zonas de interior de la península11.
Más reciente es el estudio GAN13, en el que la prevalencia de sibilancias recientes (últimos 12 meses) fue del 15,3% a los 13-14 años y del 10,4% a los 6-7 años, con variaciones en los adolescentes, desde un 19% en Bilbao, hasta un 10,2% en Cartagena; y en los escolares, desde un 11,7% en Cartagena, hasta un 7% en Pamplona. Estas prevalencias fueron superiores a las del ISAAC. Un 21,3% de adolescentes y un 12,4% de los escolares refirieron asma alguna vez.
En lactantes, la prevalencia de sibilantes recurrentes durante el primer año de vida, según el Estudio Internacional de Sibilantes en Lactantes (EISL)14, es mayor en Latinoamérica (21,4%) que en Europa (15,0%), así como el porcentaje de episodios graves (60% en Latinoamérica vs 40% en Europa) y de ingresos hospitalarios (30% en Latinoamérica vs 15% en Europa).
DIAGNÓSTICO DE ASMA
El objetivo del diagnóstico precoz del asma y la instauración de tratamiento es limitar la frecuencia y gravedad de las exacerbaciones, impedir el deterioro de la función pulmonar, prevenir la muerte por asma y mantener la calidad de vida adecuada del niño o adolescente y su familia. Se basa en cinco pilares fundamentales:
Diagnóstico clínico: El asma puede ser diagnosticado por los síntomas presentes en la historia clínica y/o los signos de la exploración física.
Diagnóstico funcional: La medida de la función pulmonar con demostración de obstrucción al flujo aéreo, reversible completa o parcialmente de forma espontánea o con fármacos, mejora la seguridad del diagnóstico.
Diagnóstico de la alergia; Estudia el papel ejercido por los desencadenantes y/o agentes etiológicos responsables de la enfermedad
Otros estudios complementarios.
Diagnóstico diferencial: Exclusión de posibles diagnósticos alternativos.
DIAGNÓSTICO CLÍNICO
La recurrencia de los episodios fundamenta el diagnóstico clínico de asma, que en los niños se manifiesta como2:
Sibilantes, con frecuencia referidos como pitos o silbidos en el pecho, que deben ser confirmados por un profesional de la salud7.
Disnea o dificultad para respirar.
Tos, en accesos y de predominio nocturno o al levantarse.
Sensación de opresión torácica o de tirantez (síntoma manifestado sobre todo por niños mayores y adolescentes).
El diagnóstico clínico se realiza ante crisis o episodios de sibilantes recurrentes, sobre todo si han tenido una respuesta aceptable al tratamiento broncodilatador, aunque la falta de respuesta no lo excluye. También hay que valorar al niño con síntomas continuos (persistentes, no exclusivamente en crisis) y el asma inducida por el ejercicio4,14-16
Los sibilantes de los preescolares8 se pueden clasificar en función de su duración (transitorios, persistentes, de comienzo tardío) y del patrón temporal de éstos (episódicos sin síntomas persistentes desencadenados solo por virus o los que presentan síntomas entre los episodios agudos producidos por múltiples desencadenantes).
Estos fenotipos no se mantienen en el tiempo y puede cambiar a medida que los niños crecen, por lo que sería útil poder disponer de un "índice de riesgo" que permitiese identificar a aquellos niños preescolares con mayor probabilidad de desarrollar asma persistente.
Con este objetivo se describió el Índice Predictivo de Asma (IPA)20 posteriormente modificado21 (tabla II). Sin embargo, ninguno de los índices predice con exactitud el pronóstico de estos niños en nuestra población.
En la actualidad, se recomienda clasificar el asma13,4, no en base a la gravedad sino al grado de control del paciente22 (tabla III) para el inicio del tratamiento de fondo y para su seguimiento.
Los sibilantes de los preescolares8 se pueden clasificar en función de su duración (transitorios, persistentes, de comienzo tardío) y del patrón temporal de éstos (episódicos sin síntomas persistentes desencadenados solo por virus o los que presentan síntomas entre los episodios agudos producidos por múltiples desencadenantes).
Estos fenotipos no se mantienen en el tiempo y puede cambiar a medida que los niños crecen, por lo que sería útil poder disponer de un "índice de riesgo" que permitiese identificar a aquellos niños preescolares con mayor probabilidad de desarrollar asma persistente.
Con este objetivo se describió el Índice Predictivo de Asma (IPA) 20 posteriormente modificado 21 (tabla II). Sin embargo, ninguno de los índices predice con exactitud el pronóstico de estos niños en nuestra población.
En la actualidad, se recomienda clasificar el asma1,3,4, no en base a la gravedad sino al grado de control del paciente22 (tabla III) para el inicio del tratamiento de fondo y para su seguimiento.
Exploración Física
La exploración física de un niño asmático puede ser normal, ya que los síntomas del asma suelen ser variables y episódicos. El hallazgo físico anormal más usual es la presencia de sibilantes en la auscultación, aunque algunos pacientes con asma pueden tener una auscultación pulmonar normal. En las crisis asmáticas graves, los sibilantes pueden estar ausentes (tórax silente), pero están presentes otros signos físicos como taquipnea, taquicardia, tiraje intercostal y/o subcostal, cianosis, dificultad en el habla, somnolencia. El rendimiento de los síntomas y signos clínicos en el diagnóstico del asma (sibilantes, tos) se resumen en la tabla IV23.
Con frecuencia se pueden observar signos clínicos no específicos del asma, como el edema persistente de la mucosa nasal, secreción nasal, saludo alérgico provocado por el picor nasal que deriva en el pliegue nasal alérgico, sequedad cutánea, ojeras alérgicas, hiperemia conjuntival, pero que caracterizan a otros procesos asociados, como la dermatitis atópica y la rinoconjuntivitis (ver el protocolo del GVR "El pediatra de Atención Primaria y la Rinitis Alérgica", P-GVR-6)24. La presencia de retraso pondoestatural, soplos cardíacos y/o acropaquías harán dudar del diagnóstico de asma, orientando hacia otras etiologías.
DIAGNÓSTICO FUNCIONAL
La medición objetiva de la función pulmonar es, junto con la clínica, el pilar del diagnóstico de asma.
La espirometría es la prueba de referencia para efectuar los estudios de función pulmonar, cuando la edad del niño lo permite (habitualmente >5 años4,5). En la población española, el estudio CANDELA25 ha establecido los valores de normalidad en niños prescolares (2-7 años), pero a pesar de que la prueba puede realizarse de forma adecuada en edades tempranas, la formación específica del personal y el tiempo requerido en estos niños son limitaciones para tener en cuenta en AP. Es un medio diagnóstico de gran valor (tanto en AP como en Especializada) pero siempre debe correlacionarse con la clínica del paciente. Con ella podremos clasificar y cuantificar la alteración funcional pulmonar (ver el protocolo del GVR "El pediatra de Atención Primaria y la Espirometría forzada", P-GVR-2)26.
Se consideran valores espirométricos normales en pediatría 26:
FEV1/FVC mayor del 80 % (posiblemente 90% en preescolares),
FEV1 y FVC iguales o superiores al 80% de sus valores teóricos y
FEF 25-75 igual o superior al 65% de su valor teórico.
Actualmente, para reducir el riesgo de clasificar mal a los pacientes, se recomienda usar el LIN y Z-Score. La aplicación de la calculadora espirometrica para las ecuaciones GLI-2012, disponible en la Global Lung Function Initiative, es muy útil en la consulta diaria para el cálculo de los valores de LIN y Z-Score si no están en el software espirómetro.
La prueba de broncodilatación es la mejor manera de valorar la respuesta broncodilatadora que es positiva cuando el incremento del FEV1 es igual o superior al 12% en relación con el valor previo o del 9% en relación con el valor teórico. Sin embargo, una prueba broncodilatadora negativa no excluye el diagnóstico del asma. En niños con síntomas de asma con el ejercicio es necesario realizar una prueba de broncoprovocación inespecífica, como la prueba de carrera libre durante 6 minutos que trata de demostrar la respuesta obstructiva exagerada generada con el ejercicio físico. La máxima broncoconstricción suele ocurrir entre 3 y 15 minutos después de acabar el ejercicio y habitualmente se considera positivo el descenso porcentual del 13-15% del FEV1 tras el ejercicio respecto al valor basal.
La medición del flujo espiratorio máximo (FEM) y la monitorización de su variabilidad es una herramienta útil en el seguimiento de algunos niños con asma, para conocer el grado de control, pero no para el diagnóstico de asma27.
DIAGNÓSTICO DE LA ALERGIA
Las pruebas para el diagnóstico de la alergia son el Prick test (in vivo, sencillo, rápido, seguro y barato) y la determinación de Ig E antígeno específica en suero (in vitro) (ver el protocolo del GVR "El pediatra de Atención Primaria y la Identificación de la alergia", P-GVR-3)28.
OTROS ESTUDIOS COMPLEMENTARIOS
La historia clínica (condiciones que desencadenan los síntomas) y la exploración física serán la base en la que fundamentaremos la petición de pruebas complementarias. No se deben hacer de forma rutinaria y hay que individualizarlas en cada paciente.
Marcadores de la inflamación pulmonar: La fracción exhalada del óxido nítrico (FENO) se considera marcador indirecto de la inflamación eosinofílica de la vía aérea tanto con fines diagnósticos como terapéuticos. La determinación de FENO con el medidor portátil es técnicamente factible y aceptable, aunque no es un método habitualmente disponible en Ap29. Según diferentes guías se establece que existe inflamación eosinofílica si el valor FENO es > 2027 - 30 ppb6 . No obstante, la medición de FENO no supera a la monitorización de los síntomas y pruebas de función pulmonar, en el control del asma30.
DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
El asma bronquial es la causa más frecuente de sibilantes durante la infancia y la adolescencia y, por lo tanto, el diagnóstico más frecuente cuando se presenta de forma recurrente, pero es necesario valorar la posibilidad de otras enfermedades pulmonares y extrapulmonares (tabla V) con manifestaciones similares al asma ("no todo lo que pita es asma")22.
Tabla V. Procesos más frecuentes distintos del Asma que pueden presentarse con Sibilantes en el niño22
Tabla V. Procesos más frecuentes distintos del Asma que pueden presentarse con Sibilantes en el niño
Recién nacidos y lactantes muy pequeños (0-3 meses)
Displasia broncopulmonar
Anomalías congénitas de la región laríngea (laringomalacia, parálisis de cuerdas vocales, angiomatosis laríngea, quistes, tumores)
Anomalías congénitas de la tráquea y vías aéreas de mayor calibre (traqueomalacia, broncomalacia, estenosis traqueal o bronquial, fístula traqueoesofágica)
Anillos vasculares o membranas laríngeas
Lactantes mayores (3-12 meses)
Croup
Reflujo gastroesofágico/ aspiración
Fibrosis quística
Anomalías cardíacas
Niños mayores de 1 año
Aspiración de cuerpo extraño
Discinesia ciliar primaria
Bronquiolitis obliterante
Anomalías congénitas del pulmón y de las vías aéreas
Disfunción de cuerdas vocales (adolescentes)
*Todas las patologías son posibles a cualquier edad.
Los siguientes estudios complementarios se pueden realizar para descartar otros posibles diagnósticos alternativos o concomitantes27.
1. Estudios de imagen:
a) Radiografía de tórax: no es una prueba de rutina en la evaluación del niño con asma, estaría indicada para excluir diagnósticos alternativos si presenta clínica severa o inusual, resistencia al tratamiento y en la agudización si se sospecha una complicación de la crisis asmática (neumotórax, atelectasia).
b) Radiografía de senos paranasales: sólo está indicada ante una clínica sugerente de sinusitis que no responde al tratamiento farmacológico (protocolo del GVR "El pediatra de Atención Primaria y la Sinusitis", P-GVR-7)31.
c) Radiografía de cavum: sólo está indicada cuando existe insuficiencia respiratoria nasal indicativa de hipertrofia adenoidea y Síndrome Apnea-Hipopnea Obstructiva del Sueño, ya que la respiración bucal puede ser un agente desencadenante de los síntomas de asma.
2. Estudio digestivo:
El reflujo gastroesofágico puede ocasionar problemas respiratorios caracterizados por sibilantes y tos persistente.
3. Cloruros en sudor:
Ante una clínica que sugiera el diagnóstico de fibrosis quística. Recientemente, la mayoría de las CCAA han incorporado el cribado neonatal de esta enfermedad a todos los recién nacidos, mediante la determinación de tripsina inmunorreactiva en suero (http://www.fibrosisquistica.org).
4. Mantoux:
Si se sospecha tuberculosis pulmonar.
5. Estudio de Inmunidad:
Inmunoglobulinas y subclases para descartar inmunodeficiencias.
En los lactantes y prescolares la mayoría de los episodios de sibilantes se asocian a infecciones virales, muchos de ellos dejan de tener síntomas independientemente del tratamiento y con frecuencia tienden a la remisión. Por lo tanto, se recomienda realizar el diagnóstico tras un tiempo de seguimiento, considerando otros diagnósticos alternativos (tabla VI)22 y observando la respuesta del niño al tratamiento broncodilatador y antiinflamatorio5. En cambio, algunos de ellos que presentan unos factores de riesgo y pronósticos diferentes al resto tendrán asma en la edad escolar2,4.
CRITERIOS DE DERIVACIÓN A ATENCIÓN HOSPITALARIA (AH)
En la mayoría de los casos se puede y debe hacer el control y seguimiento en AP, más cuando la mayoría de los casos no son asmas graves y sólo en casos puntuales es preciso derivar a AH22.
Cuando sea necesario confirmar o completar el diagnóstico, tras la valoración de la historia, la exploración física y tras la realización de las pruebas disponibles en AP.
Cuando no se disponga de los recursos necesarios para valorar los posibles desencadenantes (Prick test y/o IgE específica) o la función pulmonar (espirómetro con adaptador pediátrico).
Cuando el niño con asma no alcance un buen control de su enfermedad o sufra un empeoramiento de la gravedad del asma, habiendo comprobado previamente que el tratamiento, la técnica inhalatoria y la adherencia a todos los aspectos terapéuticos son correctos.
Cuando los niños cumplan criterios de asma grave, de difícil control o de riesgo vital.
Cuando el niño con asma se pueda beneficiar de un tratamiento con inmunoterapia.
Dudas diagnósticas razonables, especialmente si existen signos de alarma o mala evolución clínica.
DIAGNÓSTICO DE ASMA: INFORMACIÓN A LOS PADRES
El asma es una enfermedad respiratoria crónica que se caracteriza por la inflamación de los bronquios, lo que hace que sean muy sensibles (hiperreactividad) y se estrechen con facilidad (obstrucción).
La Inflamación, la hiperreactividad y la obstrucción de los bronquios son la causa de los síntomas de asma: la fatiga, los pitos o silbidos, la tos, la opresión en el pecho.
Hay diversos factores que pueden provocar este proceso, y que en su mayoría son ambientales: ácaros de polvo, polen, epitelios de animales, alimentos, etc. Por esto puede ser útil, si su médico lo considera, realizar pruebas de alergia para identificarlos y poder evitarlos.
La espirometría es una prueba que se puede realizar a partir de los 5-6 años y se utiliza para medir la función pulmonar y su respuesta al tratamiento.
El estrechamiento de los bronquios también puede causar crisis de asma, que es el empeoramiento brusco o progresivo de los síntomas, pudiendo presentar dificultad para respirar, con hundimiento de los espacios entre las costillas, el esternón y las clavículas.
El humo de tabaco empeora el asma, por lo que es muy importante que ningún miembro de la familia fume y que el niño y adolescente viva en un ambiente libre de humo.
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El pediatra de Atención Primaria y el tratamiento de fondo del asma
Autoría
Grupo de Vías Respiratorias de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.
Redactores: Carmen Rosa Rodríguez Fernández Oliva Cinta Valldepérez Baiges (Cataluña) Lidia Martínez Virumbrales (País Vasco) Juan Carlos Julia Benito (Valencia)
Revisión por pares: Manuel Praena Crespo (Andalucía), Isabel Mora Gandarillas (Asturias), Águeda García Merino (Asturias), José Antonio Castillo Laita (Aragón), María Isabel Úbeda Sansano (Valencia), Maite Asensi Monzó (Valencia), Juan Carlos Julia Benito (Valencia), Alberto Bercedo Sanz (Cantabria), Gimena Hernández Pombo (Cataluña), María Ángeles Carrasco Azcona (Madrid), María Teresa Guerra Pérez (Andalucía), María Camino Serrano (Madrid), Jessica Belles Miralles (Aragón)
Fecha de publicación: 30/10/2025
Cómo citar este documento técnico
Carmen Rosa Rodríguez Fernández Oliva (Canarias), Cinta Valldepérez Baiges (Cataluña), Lidia Martínez Virumbrales (País Vasco), Juan Carlos Julia Benito (Valencia) y Grupo de Vías Respiratorias. El Pediatra de Atención Primaria y el tratamiento de fondo del asma. Protocolo del GVR (publicación P-GVR-xx) [consultado día/mes/año]. Disponible en: http://www.respirar.org/index.php/grupo-vias-respiratorias/protocolos
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Especialmente en lo relativo a la dosificación e indicaciones de los fármacos, se aconseja a los lectores que lean la ficha técnica de los medicamentos que usen, para asegurar que el contenido que se proporciona en este documento es correcto. Este documento está dirigido a profesionales sanitarios y no a público general.
El asma bronquial es una enfermedad inflamatoria crónica de la vía aérea, caracterizada por un curso variable con periodos de estabilidad y exacerbaciones. La inflamación está presente incluso en las formas leves, lo que justifica la indicación de tratamiento con glucocorticoides inhalados de forma precoz, reduciendo las exacerbaciones y conservando la función pulmonar futura.
El objetivo del manejo es mantener al paciente libre de síntomas o con la mínima expresión clínica posible, reduciendo el riesgo de exacerbaciones y permitiendo una buena calidad de vida. El tratamiento debe ser individualizado según la gravedad, el grado de control y la respuesta obtenida.
El abordaje debe ser integral, considerando comorbilidades frecuentes como la rinitis alérgica, la dermatitis atópica, la obesidad o la exposición al humo de tabaco. Asimismo, es imprescindible proporcionar a pacientes y familias un plan de acción personalizado por escrito, que facilite el autocontrol y la toma de decisiones ante la aparición de síntomas o crisis.
Objetivos del tratamiento (Figura 1)
Los objetivos principales a largo plazo del tratamiento del asma según las Guías Clínicas1–3 son:
En control actual
Prevenir síntomas diurnos, nocturnos y con ejercicio físico.
Uso de agonistas β2 adrenérgicos de acción corta no más de 2 veces al mes.
Mantener una función pulmonar normal o casi normal.
Sin restricciones en la vida cotidiana ni en ejercicio físico.
Cumplir expectativas de pacientes y familias.
En control de riesgo futuro
Prevenir exacerbaciones y mortalidad.
Minimizar pérdida progresiva de función pulmonar.
Evitar los efectos adversos del tratamiento.
Evitar la inercia terapéutica.
1) Control de los síntomas
Considerar tratamiento escalonado (Figura 2).
2) Control del riesgo futuro
Componentes del tratamiento del asma
El tratamiento del asma se basa en 4 pilares principales:
Farmacológico: incluye medicación de control y de rescate; se ajusta según el grado de control buscando la mínima dosis eficaz.
Seguimiento y monitorización: evaluación periódica del control clínico y funcional, de la adherencia y de la técnica inhalatoria. Ajuste de dosis según evolución.
Educación: formación de pacientes y familias con el fin de conseguir el autocontrol. Plan de acción adaptado.
Control ambiental: identificación y reducción de la exposición a desencadenantes.
Tratamiento farmacológico de control del asma
El tratamiento farmacológico incluye medicación de control (uso diario y a largo plazo) y de alivio o de rescate si hay síntomas según necesidades (Figura 4).
El tratamiento de fondo del asma se basa en:
Es escalonado. El objetivo principal es conseguir el control y mantenerlo con la menor cantidad posible de medicamento, subiendo o bajando la dosis en función de una evaluación continua del paciente (habitualmente en periodos de 3 meses).
Antes de subir de escalón y aumentar la medicación se debe revisar la técnica de inhalación, la adherencia al tratamiento y la existencia de posibles factores de riesgo o comorbilidades.
Los pacientes con asma deben recibir un plan personalizado de tratamiento por escrito. Para la evaluación de la calidad de la evidencia se ha seguido la propuesta de la GEMA 5.5 y de la GINA1–3.
Glucocorticoides inhalados (GCI)1,6
Constituyen la primera línea de tratamiento (Ev A).
Actúan inhibiendo la mayoría de los pasos en la cascada de respuesta inflamatoria. Sus beneficios incluyen la disminución de la hiperreactividad bronquial, la prevención de la respuesta asmática tardía y la mejora de la función pulmonar.
En los niños mayores de 3 años los GCI diarios son eficaces para la mejoría en los parámetros clínicos, funcionales y de inflamación bronquial, con mejora de la calidad de vida y reducción del riesgo de exacerbaciones y hospitalizaciones (Ev A).
A las dosis habituales son fármacos seguros para el tratamiento del asma en los niños (Ev B).
La administración vía inhalada aumenta la eficacia y disminuye los potenciales efectos secundarios. Es fundamental revisar de forma periódica la técnica inhalatoria para asegurar la administración eficaz del tratamiento.
El tratamiento continuo o intermitente no modifica la historia natural de la enfermedad (Ev B).
En la Tabla 1 se establecen las dosis equivalentes de los GCI más utilizados en función de la edad y de la gravedad del asma. Ciclesonida y mometasona solo están indicados en niños mayores de 12 años7,8.
Antagonistas de los receptores de los leucotrienos (ARLT / LTRA)
Los cisteinil leucotrienos (LTC4, LTD4 y LTE4) son potentes broncoconstrictores, promueven la producción de moco y de citoquinas proinflamatorias4.
Los ARLT son menos eficaces que los GCI para tratar el asma en la mayoría de los pacientes. Sin embargo, han demostrado ser efectivos como terapia complementaria de los GCI y algunos pacientes tienen buena respuesta a la monoterapia con LTRA, aunque se precisa más evidencia para determinar si existe un fenotipo respondedor a montelukast.
Los recomendados en la infancia son montelukast (>6 meses) y zafirlukast (>5 años).
Montelukast
Administración oral9. Se aconseja por la noche; los comprimidos deben tomarse una hora antes o dos horas después de los alimentos.
6 meses a 2 años: 4 mg/día en granulado mezclado con alimento cremoso frío o a temperatura ambiente.
2–5 años: 4 mg comprimido masticable.
6–14 años: 5 mg comprimido masticable.
>15 años: 10 mg comprimido recubierto.
Zafirlukast
Aprobado por la FDA en niños mayores de 5 años. En España no se recomienda en menores de 12 años por falta de evidencia de seguridad y eficacia.
En preescolares y menores de 6 años no se recomienda el uso intermitente al inicio de los síntomas (Ev B).
Si no existe control con GCI a dosis bajas, es más eficaz aumentar a dosis medias que asociar LTRA (Ev A).
Posibles efectos secundarios: irritabilidad, cefalea, alteraciones del sueño, entre otros, que desaparecen al suspender el fármaco.
Asociación de agonistas β2 de acción larga y GCI
La combinación de agonista β2 de acción prolongada (LABA) con glucocorticoides inhalados (GCI) es una opción terapéutica para pacientes cuya asma no está bien controlada con GCI11.
El GCI controla la inflamación subyacente mientras que el LABA proporciona control sintomático, permitiendo reducir la dosis de GCI y sus efectos adversos.
Su uso está autorizado a partir de los 4 años. Nunca deben utilizarse en monoterapia (Ev B).
El formoterol tiene un inicio de acción rápido (3 min), similar al salbutamol, mientras que el salmeterol tarda unos 30 min. Por ello, en mayores de 11 años y adultos, las combinaciones budesonida–formoterol pueden emplearse como mantenimiento y rescate (terapia MART/SMART).
En niños de 6–11 años, aunque un estudio mostró reducción de exacerbaciones y necesidad de GCO, la evidencia es limitada (Ev B)1,2,12.
En asma persistente no controlada con GCI a dosis bajas, doblar la dosis tiene un efecto similar a añadir un LABA13,14. La respuesta es heterogénea, por lo que se requiere monitorización estrecha.
Tiotropio
Antagonista muscarínico de larga acción. Puede utilizarse en niños a partir de 6 años con asma grave mal controlada pese a combinación GCI–LABA a dosis altas (Ev A).
Dosis: 5 mcg una vez al día.
Anticuerpos monoclonales
Los agentes biológicos que se pueden utilizar en caso de asma grave no controlada en niños mayores de 6 años son: omalizumab (anti-IgE), mepolizumab (anti-IL-5) y dupilumab (IL‑4 y IL‑13). En mayores de 12 años también puede utilizarse tezepelumab (IgG2λ). Todos han demostrado eficacia y seguridad.
Omalizumab
Indicado en niños con asma alérgica persistente moderada o grave no controlada con las terapias habituales. Administración subcutánea cada 2–4 semanas, ajustando la dosis según IgE total y peso corporal.
Mepolizumab
Indicado en asma eosinofílica grave mal controlada. Administración subcutánea cada 4 semanas.
Niños de 6–12 años: 40 mg.
Mayores de 12 años: 100 mg.
Dupilumab
Indicado en asma eosinofílica grave. Administración subcutánea.
Peso <30 kg: 100 mg cada 2 semanas o 300 mg cada 4 semanas.
Peso 30–60 kg: 200 mg cada 2 semanas o 300 mg cada 4 semanas.
Peso >60 kg: 200 mg cada 2 semanas.
Tezepelumab
Indicado como tratamiento de mantenimiento adicional en niños con asma grave no controlada, independientemente del fenotipo. Dosis recomendada: 210 mg subcutáneos cada 4 semanas. Puede administrarse en domicilio mediante pluma precargada.
Inmunoterapia (IT)
La IT previene el desarrollo de nuevas sensibilizaciones y de asma en niños con rinitis (Ev B). Cuando se utilizan extractos estandarizados biológicamente y en pacientes adecuadamente seleccionados, ha mostrado efecto beneficioso reduciendo síntomas, medicación de rescate y mantenimiento, y la hiperrespuesta bronquial (Ev A).
Inicio del tratamiento, seguimiento y monitorización
Se recomienda iniciar el tratamiento tan pronto como sea posible tras establecer el diagnóstico de asma. El tratamiento depende de la valoración previa de la gravedad y del grado de control.
Clasificación de la gravedad
Tradicionalmente el asma se ha clasificado según gravedad (Ev D):
Intermitente o episódica.
Persistente leve.
Persistente moderada.
Persistente grave.
La gravedad implica tanto la intensidad del proceso como la respuesta al tratamiento. La clasificación difiere según se realice en el momento del diagnóstico o tras conseguir el control (Ev D).
En el diagnóstico depende de la frecuencia e intensidad de los síntomas durante las últimas 4 semanas: número de crisis, intervalos, síntomas intercrisis, tolerancia al ejercicio, necesidad de broncodilatadores y función pulmonar (Tabla 3).
En niños pequeños la clasificación se basa exclusivamente en los síntomas.
Las Guías de Práctica Clínica1–3 recomiendan clasificar la gravedad según la necesidad de tratamiento para mantener el control. Así:
Escalón 5–6 → asma grave.
Escalón 3–4 → asma moderada.
Escalón 1–2 → asma leve.
La gravedad del asma no es constante; puede variar con el tiempo. Por ello el grado de control debe evaluarse de forma continua, ajustando el tratamiento para mantener el control.
Para tipificar correctamente el asma es necesario especificar, además de la gravedad, los factores de riesgo desencadenantes y el grado de control (Ev D).
El control del asma se define como la medida en que la terapia reduce o elimina las manifestaciones del asma (Ev C), incluyendo factores de riesgo de exacerbaciones y efectos secundarios de la medicación.
El manejo clínico debe dirigirse a lograr y mantener el control, ajustando el tratamiento según necesidad. Los escalones pueden subir o bajar según evolución, manteniendo siempre la mínima medicación eficaz.
Antes de considerar un asma como mal controlado es imprescindible comprobar:
Adherencia al tratamiento.
Técnica inhalatoria adecuada.
Comorbilidades que empeoran el asma: rinitis alérgica, obesidad, alergia alimentaria, dermatitis atópica.
La herramienta fundamental para evaluar el control es la visita médica continuada (Ev D). Existen cuestionarios validados:
a) Control del Asma en el Niño (CAN)
Dos versiones: una para niños de 9–14 años y otra para padres de niños de 2–8 años. Puntuación entre 0 (buen control) y 36 (mal control). (Figura 5)
En la Tabla 5 se documentan los síntomas clínicos que definen cada estadio y el escalón de tratamiento aconsejado para cada uno de ellos según las últimas actualizaciones de las Guías GEMA y GINA1,2,16.
FEV1: volumen espiratorio forzado en el primer segundo. PEF: flujo espiratorio forzado. SABA: broncodilatador de acción corta.
Escalón 1
Síntomas intermitentes u ocasionales.
No está indicado un tratamiento de mantenimiento, sino uno de rescate a demanda. Los fármacos varían según la edad.
La GEMA recomienda el uso de SABA (salbutamol o terbutalina) a demanda. La GINA, en cambio:
Niños 6–11 años: asociar GCI a dosis bajas cuando se administre SABA.
≥12 años y adolescentes: budesonida–formoterol a dosis bajas a demanda (Terapia AIR-only).
Desde 2019, GINA no recomienda SABA en monoterapia en mayores de 6 años por riesgo aumentado de exacerbaciones y menor control de la inflamación. El uso excesivo de SABA (>12 envases/año) se asocia a mayor riesgo de muerte relacionada con asma.
Escalón 2
Introducción de tratamiento de mantenimiento.
En pacientes con mal control, se inicia tratamiento de mantenimiento con GCI a dosis bajas. En ≥12 años, GINA permite continuar con budesonida–formoterol a demanda (Terapia AIR-only).
No existe un GCI claramente superior; la elección depende de edad, coste, dispositivo y preferencias.
Alternativas
LTRA diarios.
GCI a dosis bajas cada vez que se usa SABA.
Los GCI son seguros a dosis habituales. Puede haber una disminución transitoria de la velocidad de crecimiento (1–3 años), sin impacto en la talla final, salvo tratamientos prolongados y dosis altas.
Los LTRA son menos efectivos que los GCI, especialmente para exacerbaciones (Ev A). Antes de prescribirlos, debe considerarse el riesgo de efectos neuropsiquiátricos. En 2020 la FDA añadió advertencia de efectos adversos graves en salud mental para montelukast.
Escalón 3
Aumento de dosis o terapia añadida.
Si el asma no está controlada en el escalón anterior, existen tres opciones en >5 años:
Aumentar GCI a dosis medias.
Asociar GCI a dosis bajas + LABA en un solo inhalador (nunca LABA en monoterapia).
En 6–11 años: budesonida–formoterol a dosis muy bajas como mantenimiento y rescate (Terapia MART). En ≥12 años: budesonida–formoterol a dosis bajas como primera elección (Terapia MART).
Tras cualquier cambio terapéutico, reevaluar la respuesta en 1 mes.
Escalón 4
Mal control a pesar de tratamiento.
Opciones:
Aumentar a dosis medias de GCI + LABA.
En 6–11 años: budesonida–formoterol a dosis bajas como MART.
En ≥12 años: aumentar budesonida–formoterol a dosis medias (MART).
Si no se consigue buen control, derivar al especialista hospitalario.
Escalones 5 y 6
A partir de este escalón se debe considerar la derivación al especialista hospitalario en todos los casos. Puede valorarse inmunoterapia sublingual en pacientes seleccionados.
Monitorización del tratamiento
El tratamiento debe ajustarse periódicamente para alcanzar y mantener el control con la mínima medicación posible. Se utilizan escalas validadas como:
CAN: puntuación ≥8 indica mal control.
ACT: puntuación <20 indica mal control.
Antes de subir de escalón deben valorarse factores asociados a mala evolución:
Escasa adherencia.
Técnica inhalatoria incorrecta.
Factores desencadenantes o comorbilidades.
Las consultas deben programarse con frecuencia adaptada al paciente:
Inicio del diagnóstico: cada 1–3 meses.
Asma grave o mal controlada: consultas más frecuentes.
Tras exacerbación: revisión en 1 semana.
Tabla 6. Factores de riesgo de exacerbación en niños
≥1 exacerbación grave en el año previo.
Ingreso en UCI o intubación previa.
Uso excesivo de SABA.
Síntomas persistentes o no controlados.
Falta de adherencia o técnica inhalatoria inadecuada.
Problemas psicológicos o socioeconómicos importantes.
Eosinofilia en sangre o esputo; FENO elevado.
*Relación entre prescripciones de medicación de control administradas y prescritas <0,5.
Descenso de escalón
La bajada de escalón se realiza en sentido inverso al de subida. En GCI se recomienda reducir la dosis un 25–50% cada 3 meses si el control se mantiene.
En escolares con asma moderada-grave controlada con GCI + LABA no hay evidencia clara sobre cómo descender. Por analogía con adultos, se sugiere reducir primero la dosis de GCI, no retirar LABA.
Puede retirarse el tratamiento de fondo cuando el asma está controlada con la mínima dosis durante 6–12 meses y no existen factores de riesgo. Si ha habido crisis graves, mantener GCI a dosis bajas.
Siempre que se baje de escalón debe proporcionarse un plan escrito y mantener vigilancia estrecha.
Secuencia del tratamiento controlador (< 4 años)
En los primeros años de vida, la definición, los criterios diagnósticos y la clasificación del asma son complejos y sujetos a controversia. Los síntomas habituales (tos, sibilancias y dificultad respiratoria) son frecuentes en menores de 3 años sin asma, y la función pulmonar no puede evaluarse de forma rutinaria.
Los episodios de sibilancias en menores de 4 años deben tratarse inicialmente con broncodilatadores de acción corta (SABA), tal como indica el escalón 1, independientemente de que exista o no diagnóstico de asma, siempre que los síntomas sean poco frecuentes y no existan factores de riesgo de exacerbación1.
Se debe revisar la respuesta al tratamiento y, si a los 3 meses no hay mejoría, considerar diagnósticos alternativos (Tabla 7).
Tabla 7. Diagnóstico diferencial del asma en pediatría
Fibrosis quística
Bronquiectasias
Disquinesia ciliar
Enfermedad pulmonar crónica del prematuro
Aspiración crónica, disfagia
Aspiración de cuerpo extraño
Reflujo gastroesofágico
Anomalías de la vía aérea
Disfunción respiratoria
Tos psicógena
Tuberculosis pulmonar
Enfermedad intersticial crónica
Cardiopatías congénitas
Tumores primarios o secundarios
Es importante revisar con frecuencia la necesidad de tratamiento, ya que los síntomas pueden remitir en muchos pacientes de este grupo de edad. Se debe advertir a las familias que los síntomas pueden reaparecer más adelante.
Si hay buen control durante 2–3 meses, puede considerarse una disminución de dosis2.
El dispositivo de inhalación debe adaptarse a la edad y capacidades del niño. En menores de 4 años, el dispositivo de elección es el aerosol presurizado (MDI) con cámara pediátrica y mascarilla. La mascarilla debe mantenerse hasta que el niño pueda inhalar correctamente desde la boquilla.
Existe una diferencia entre GEMA y GINA respecto a los grupos de edad:
GEMA 5.5: menores de 3–4 años / mayores de 3–4 años.
GINA: menores de 5 años / mayores de 5 años.
Antes de subir escalones, siempre revisar: técnica inhalatoria, adherencia y control ambiental.
Escalón 1
En niños con síntomas ocasionales de sibilancias, sin síntomas nocturnos y sin factores de riesgo de exacerbación, se debe indicar un SABA inhalado para alivio de síntomas, aunque a veces no sea eficaz en estas edades (Ev D).
La GINA contempla ciclos cortos de GCI durante episodios de sibilancias virales, aunque con menor evidencia de eficacia y seguridad.
Escalón 2
En niños que requieren SABA ≥2 veces al mes, sin síntomas intercrisis, o que han tenido una exacerbación en los 12 meses previos que requirió corticoides orales o atención urgente, debe iniciarse tratamiento con GCI a dosis bajas o montelukast como alternativa1–3.
Se recomienda iniciar con GCI a dosis bajas + SABA a demanda. GEMA 5.5 recomienda GCI como primera línea en cualquier edad.
Si no hay control con GCI a dosis bajas, es más eficaz aumentar a dosis medias que asociar montelukast (Ev A).
Una revisión reciente concluye que ni el uso continuo ni intermitente de LTRA reduce el uso de corticoides orales en exacerbaciones virales (Ev A).
Puede realizarse un ensayo terapéutico con LTRA y suspenderlo si no hay respuesta. Se necesita más evidencia para identificar un posible fenotipo respondedor a montelukast1–6,11.
Efectos adversos frecuentes: irritabilidad, cefalea, trastornos del sueño, que ceden al suspenderlo.
El tratamiento debe mantenerse al menos 3 meses para valorar su eficacia.
Escalones 3–4
Si el paciente presenta >6–8 episodios de asma al año, síntomas intercrisis, despertares semanales o afectación de la función pulmonar, debe ajustarse el tratamiento al escalón 3 o 4.
En escalón 3:
GCI a dosis medias.
GCI a dosis bajas + montelukast.
En escalón 4: GCI a dosis medias + ARLT. En este nivel se recomienda derivación a unidad especializada y realización de pruebas adicionales (Ev D).
Escalones 5 y 6
Se recomienda control por especialista hospitalario. GINA no contempla escalones 5–6 en menores de 5 años, por lo que se siguen las indicaciones de GEMA 5.5.
Tratamiento:
GCI dosis altas + LTRA.
Si persiste mal control: considerar LABA (fuera de indicación), macrólidos, tiotropio (fuera de indicación) o GC oral.
Un estudio reciente en niños de 1–5 años mostró buena tolerancia al tiotropio y reducción de crisis9.
Descenso escalonado
El tratamiento debe revisarse periódicamente para mantener el control con la mínima medicación posible.
Si el asma está bien controlada ≥3 meses, reducir GCI un 25–50% cada 3 meses.
En asma moderada-grave controlada con GCI + LABA, reducir primero GCI antes que retirar LABA.
Retirada completa del tratamiento solo tras 6–12 meses de buen control sin factores de riesgo, y siempre con plan de acción escrito.
Antes de descender escalón comprobar:
Buena adherencia.
Técnica inhalatoria correcta.
Ausencia de factores de riesgo o comorbilidades.
Este protocolo se ajusta a GEMA 5.5 como referencia nacional, incorporando aportaciones de GINA 2025 cuando complementan o actualizan la práctica clínica, especificando discrepancias para facilitar decisiones compartidas entre profesionales y familias.
Puntos clave
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de la vía aérea, presente incluso en formas leves; esta base fisiopatológica explica la necesidad de tratamiento antiinflamatorio desde fases iniciales.
Doble objetivo terapéutico: lograr y mantener el control actual de los síntomas y reducir el riesgo futuro (exacerbaciones, deterioro funcional y efectos adversos).
Cuatro pilares básicos del tratamiento:
Tratamiento farmacológico (controlador y de rescate).
Educación y autocontrol.
Control ambiental.
Seguimiento y monitorización periódica.
Ajustar la dosis: encontrar la mínima necesaria para mantener el control clínico.
El plan de acción escrito es imprescindible: facilita el autocontrol del paciente y la familia y mejora la respuesta precoz ante crisis.
Revisión sistemática en cada visita: adherencia, técnica inhalatoria y factores de riesgo antes de subir o bajar escalón terapéutico.
Descenso escalonado: si buen control durante ≥3 meses, reducción de la dosis de GCI en un 25–50%. En asma moderada-grave, se recomienda bajar primero GCI antes que retirar LABA.
La retirada del tratamiento controlador solo debe plantearse tras 6–12 meses de buen control sin factores de riesgo, y siempre con un plan escrito y seguimiento estrecho.
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Treatment of moderate persistent asthma in adolescents and adults. UpToDate.
Treatment of intermittent and mild persistent asthma in adolescents and adults. UpToDate.
El Grupo de Vías Respiratorias celebra sus 25 años de trayectoria.
Desde su fundación en el año 2000, ha mantenido el propósito inicial de mejorar la atención y la calidad de vida de niños y adolescentes con enfermedades respiratorias. A lo largo de este tiempo, más de 50 pediatras han contribuido activamente en las áreas de formación, investigación y divulgación, consolidando al grupo como referente nacional en salud respiratoria pediátrica, objetivo planteado en su acta fundacional.
Resumen. En esta sección de Respirar anunciamos las novedades generadas por el Grupo de Vías Respiratorias y que adelantamos a nuestros amigos y visitantes
ACTUALIZACIÓN DEL PROTOCOLO DE TRATAMIENTO DE FONDO DEL ASMA
Este documento, titulado "El Pediatra de Atención Primaria y el tratamiento de Fondo del Asma", es un protocolo (P-GVR-2) del Grupo de Vías Respiratorias (GVR), se ha publicado el 30/10/2025. Está dirigido a profesionales sanitarios y se basa en las directrices de la Guía Española para el Manejo del Asma (GEMA 5.5) y la Global Initiative for Asthma (GINA 2025).
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